Críticas

«Los finales felices son para otros»: una tragedia anunciada que se repite a lo largo de los siglos

Una versión de «Ricardo III», de Shakespeare, ambientada en una decadente fábrica del conurbano y con los mismos destinos de traición y muerte que en la versión original. La adaptación fue de Mariano Saba, con dirección de Nelson Valente e Ignacio Gómez Bustamante.

Por Muriel Mahdjoubian. Fotos: Prensa y Gentileza Clarin.

A pesar de los años, Shakespeare sigue tan vigente como en los tiempos isabelinos. La lucha por el poder, la codicia y la ambición son temas de todos los tiempos que esta vez vuelven de la mano de Mariano Saba con Los finales felices son para otros, una adaptación de Ricardo III, dirigida por Nelson Valente e Ignacio Gómez Bustamante.

La escena se desarrolla en una vieja y decadente fabrica de fundidos, que está a la venta, en el conurbano bonaerense. Los tres hermanos, Ricky, León y Leto, son los que llevan adelante la acción y lo que queda de aquella fabrica. Esta tríada de hermanos se relaciona a través de la violencia y además siempre hostigando y excluyendo de todo a Ricky.

Julian Ponce Campos compone a un Ricardo excepcional, que arrastra toda su deformidad por la escena, sin respiro. Tiene una mano imposibilitada, camina encorvado y realiza una gran cantidad de gestos con su cara y lengua que hacen de él un personaje con una deformación física enorme.

Un Shakespeare en el conurbano profundo.

Ricky, el hermano menor, elabora un plan con el inspector del pueblo para poder quedarse con la fábrica y así comienza una cadena de enredos y engaños sin dejar de hacer partícipe al público. El espectador se transforma en testigo de su manipulación. Ricky le habla directamente a los espectadores a quienes les cuenta algo de su plan. “Un día más, pero no un día cualquiera, no. Hoy vamos a hacer que gire la rueda hasta marearlos a todos, hasta que se desnuquen, hasta que todo esto sea mio…”

Ricardo es capaz de hacer cualquier cosa para conseguir lo que quiere. En Shakespeare, hará de todo por obtener la corona de Inglaterra; en la obra de Saba, Ricky hará todo lo que esté a su alcance y más con tal de adquirir la fábrica y un bolso lleno de dinero.

Este mismo equipo de artistas ya había trabajado antes con una obra de Shakespeare en Ojalá las paredes gritaran (2018), una adaptación de Hamlet.

Nelson Valente, uno de los directores de la obra.

Julián Ponce Campos, Augusto Ghirardelli, Martin Gallo y Mariana Mayoraz continuaron profundizando en textos de Shakespeare y convocaron a Nelson Valente como director y a Mariano Saba como dramaturgo. Luego se sumaron Sofia Nemirovsky y Matias Pellegrini Sánchez y en la codirección Ignacio Gómez Bustamante.

El diseño de escenografía es de Micaela Sleigh y convierte al Espacio Callejón, durante una hora y media, en un gran taller metalúrgico y logra condensar toda esa energía violenta, lúgubre y deteriorada que requiere esta historia.

Los finales felices son para otros apuesta a un gran texto inspirado en un clásico. Y en Shakespeare, se sabe, los finales felices en general no abundan. Sin embargo, está muy bien resuelta la intriga sobre cómo estos personajes contemporáneos terminarán con su destino trágico, al igual que los de Ricardo III varios siglos atrás.

«Los finales felices son para otros» se presenta los sábados, a las 19.30, en Espacio Callejón (Humahuaca 3759). Entradas a través de Alternativa Teatral o en la boletería de la sala.

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