Entrevistas

Jorgelina Aruzzi: «Escribo para contar algo que me moviliza»

La actriz habla sobre su rol de dramaturga, ahora con dos obras propias en cartel: «Pura sangre», en el Multitabaris Comafi y «La mujer del vestido verde», en el Kairós.

Texto: Sandra Commisso

Con la actriz completamente instalada en cine, teatro y televisión, Jorgelina Aruzzi empezó a desplegar cada vez más, paralelamente, su rol como autora y directora. Con dos obras propias en cartel: Pura sangre, codirigida junto a Carlos Casella y protagonizada por Griselda Siciliani, en el Multitabaris Comafi y, La mujer del vestido verde, dirigida por Gloria Carrá e interpretada por Dalia Elnecavé, en el Método Kairós, Jorgelina pasa de un rol a otro, disfrutando de las sensaciones que tiene ese vaivén de estar arriba y abajo del escenario, según el momento.

«Con Griselda nos pasó que queríamos hablar del desamor y, al ser amigas, habíamos tenido muchas charlas sobre el tema, y también con Carlitos y por eso sabíamos qué camino tomar», cuenta sobre el proceso creativo colectivo de Pura sangre. «Esa fue una manera diferente de escribir, más consensuada. En general, escribo para contar algo que me moviliza. En Pura sangre, la obra la escribí para Griselda y hablamos de porqué amamos a quién amamos y de porqué a veces somos tan poderosas en ciertas cosas pero en el amor, todavía no».

¿Qué ventajas y desventajas encontrás al escribir algo pero no actuarlo y viceversa?
Cuando escribís, lo que sucede es que te imaginás lo que querés y después no te preocupás de nada: algo así como «no sé, haganlo», arréglense. En cambio, el rol de actriz te pone en un lugar de juego y de intercambio con el público que es más power y me gusta sentirlo. La verdad que lo que más me gusta es actuar.

Con el equipo de «Pura sangre».

En general, solés escribir y también actuar tus propios textos. En esos casos ¿qué sucede?
Siempre empiezo con algo y después termino por otro lado. Ahora, por ejemplo estoy escribiendo algo nuevo, para mí. En este caso, tiene que ver con algo vinculado a la salud, el cuerpo. Pero estoy viendo, lo mismo si da para hacerlo sola o con más elenco, aún no lo sé. Para mí es muy importante el dispositivo teatral que aparece y que necesito en el escenario porque ahí se definen muchas cosas. En general me gusta trabajar con amigos. Y también me gusta ir a trabajar para hacer amigos. A veces uno se queja de las horas de grabación o de ensayo pero después me doy cuenta de que esa es la vida que amo. Y si no la tengo, la extraño.

¿Crear tus propios personajes es una forma de escapar al encasillamiento?
A veces si siento que estoy estancada o me llaman siempre para lo mismo, mis creaciones me salvan. Pero es lógico porque las producciones van a lo seguro. Yo recurro a mis espectáculos que es mi desafío para que me vean haciendo otro rol, sobre todo en el teatro más alternativo. Con los años, te dejan hacer, dentro de todo, siento que soy escuchada y lo agradezco.

¿Cómo pasaste la peor etapa de la pandemia, desde lo creativo y sin poder actuar?
La pandemia me sembró muchas ganas de hacer teatro, de escribir, de actuar. La situación de encierrro me hizo valorar más el vínculo con el público, el cariño ese es fundamental. El personaje de Jacky Guzmán, que hice en las redes y después en la tele, por ejemplo, nació en la pandemia a partir de la reflexión de estar lejos del público y el personaje me acercó a la gente y me ayudó a entender.

Estás muy identificada como actriz con el humor y la comedia. ¿Sentís que eso te limita para otros géneros?
No me molesta porque es cierto que tengo una expresión con el humor que no la voy a negar. Pero también, dentro de las comedias que hago, me dan la posibilidad de hacer partes dramáticas. Y me gusta eso, sobre todo con las obras de teatro, en vivo, no sabés qué va a pasar, quién se va a reír y quié no y me gusta mucho esa ambigüedad.

«La mujer del vestido verde» en El Método Kairós.

¿Cómo vivís la relación con el público desde tu rol de directora?
Me gusta ir a ver Pura sangre, por ejemplo, y sentarme atrás y observar cómo reacciona el público, en qué momentos se ríe, a veces te llevás sorpresas. Y también para ver lo que la actriz cree que tiene que cambiar y muchas veces no es así y hay que ayudar a reafirmar.

¿Cómo te definirías como directora?
Dirigir es como hacer un curso rápido de actuación que te da herramientas para cuando volvés al escenario. Como actor no sos muy objetivo y la dirección te da otra perspectiva. Y compartir la dirección, por otra parte, te permite estar todo el tiempo cuestionado y repreguntado y eso te enriquece.

¿Cuándo volvés al escenario con tu nueva obra?
Tengo muchas ganas de volver al escenario, será en enero sino antes con mi nuevo proyecto. El teatro te llena de energía, a veces tenés que hacer dos funciones, creés que no vas a poder y no sé cómo pero lo hacés, sale algo de energía sobrenatural que tiene el teatro y que te rejuvenece.

Cada vez más hay más obras interpretadas, escritas y también dirigidas por mujeres. ¿Pensás que la tendencia llegó para quedarse?
Hay mucha visibilidad de obras interpretadas por mujeres. Antes sucedía solo si hablabas de tampones y la pegabas pero hoy hay otras temáticas, hay de todo y creo que es gracias a todo lo que fue pasando socialmente también. Así que bienvenido sea.

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