Detrás de escena

La crisis de 2001 y esa herida que no cierra, también en el escenario

¿Por qué escribir sobre diciembre de 2001? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué lleva a un dramaturgo y director a meterse en ese terreno? Flavio Abraldes es el creador de la obra «90cts» que aborda la partición de la sociedad argentina a comienzos del siglo veintiuno y nos cuenta cómo abordó el desafío de poner la crisis económica en primer plano en el escenario del teatro El Grito.

Por Flavio Abraldes. Fotos de César Capasso.

Una escena que presencié en Fuerte Apache en esos días agobiantes previos a la caída del sistema que regulaba nuestras vidas y nuestros trabajos y nuestros pensamientos y nuestra cultura y nuestra carencia de sueños y nuestros amigos que se iban y nuestras saludes no cuidadas y nuestros ‘no se puede’ y nuestros ‘no es acá’, me dejó temblando. Una caravana de familias con carritos y sus pocas cositas se exodaba de sus casas en fila. Una fila. Como el éxodo jujeño que leímos en la Billiken. Pero distinto. De Fuerte Apache a debajo de un puente decía el boleto. La municipalidad iba a demoler esas torres decían. La municipalidad iba a indemnizar a los dueños de las casas decían. La barra del club local como brazo armado de la burocracia municipal se haría de las casas a punta de pistola y luego indemnizada entregaría la posesión y un emprendimiento inmobiliario floreciente y la máquina aceitada y los cerdos felices en los afiches y sonriendo y los desterrados invisibles como siempre. Como siempre. Decían. Decían que decían. Decían que decían que decían.

El director y dramaturgo Flavio Abraldes.

Años dentro mío la imagen. El contexto y la urgencia y los poderes y el silencio a fuerza de miedo no dejaron que la historia vaya a primera plana. Silenciados los olvidados. Como siempre. En cualquier tiempo y en todo lugar. Como siempre. Pero la historia quería vivir. Como esas plantas que crecen en las grietas de los revoques descuidados. ¿Qué es el teatro independiente sino una pared guarecida de la luminaria callejera por la copa de un árbol donde graffitar preguntas que nadie pregunta?

Hoy los pibes de menos de veinte no saben desde el cuerpo qué carajo es un Patacón. Qué es el Corralito que te dejó guardada la que era para el trasplante o la mudanza o para irte a la mierda de una buena vez. Qué es cuatrocientos cincuenta pero doscientos en ticket canasta. Esos sirven. Menos mal. Los que son un garrón son los luncheon. ¿Qué? Qué es que la mitad de los que egresaron con vos se hayan ido. ¿Qué? Qué son cinco presidentes en una semana. Cinco. Que tu amigo ese día que llenamos dos canchas llorando te diga me quedé para dar la vuelta con vos, papá. Mañana me voy y no vuelvo más. No vuelvo más. ¿Qué? Qué es correr a poner las rejas del negocio de tu viejo porque dicen que vienen saqueando y vienen por Beiró saqueando y no vienen pero dicen que vienen y vos sabés que no vienen pero no dormís porque si vienen tu viejo se rompe y no se arregla más. Y no dormís. Y dormís y soñás que vienen. Y no dormís. No dormís. ¿Qué? Son chicos, no saben.

Una escena de «90cts».

¿Qué me llevó a meterme ahí entonces? ¿Es para ellos? ¿Para que sepan? ¿Para que a la hora de buscar soluciones a todo lo que sigue sin solución ni proyecto de solución ni interés de solución ni sueños de solución no manoteemos la solución que nos llevó a esos días? ¿Para eso? ¿Para analizar el pasado juzgar el pasado repensar el pasado? ¿Repensarnos? ¿Para no cumplir con la regla que dice que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla? Ojalá creyera que unas pobres líneas y unas luces y unos trapos y una ceremonia y el alma y el cuerpo de cinco actores pueden tanto. Hay un lugar de ingenuidad en nosotros donde lo intentamos pero no, una pared graffitada solo se lee con el rabillo del ojo de unos pocos. No aspira a nada.

¿Para qué entonces? ¿Por qué? ¿Cuál es el sentido de toda esta energía para crear algo que no será escuchado por casi nadie? No sé, será que extraño demasiado a los que me acompañaron en esos días y ya no están.

«90cts» con dramaturgia y dirección de Flavio Abraldes y actuación de Brenda Fabregat, Daniel Ibarra, Antonella Fittipaldi, Diego Lorenzo y Flor Marsal. Funciones los miércoles a las 22 horas en Teatro El Grito, Costa Rica 5459. Entradas en venta por Alternativa Teatral.

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