Detrás de escena

Alfredo Staffolani: cómo un proyecto sobre el porno se convirtió en una obra sobre la fe

«El buen destierro», que se presenta los viernes, en La Carpintería, es el proyecto que el autor y director trabajó en Alemania, durante las restricciones más fuertes de la pandemia y ahora es parte de la cartelera porteña.

Fotos de Pablo Kovacs.

“Muchas de las cosas que escribo están asociadas a la fe, a los ídolos, y a los mitos. Quise escribir una obra sobre el porno, me dieron una casa en Munich para que lo hiciera, pero no pude hacer otra cosa que volver a esos primeros motivos en medio de un invierno crudo donde se desencadenó una peste. Así caminé por un barrio donde había muchas iglesias, ferias, nieve, saunas y algunos boliches de música electrónica. El buen destierro podría ser una fábula trágica y también una comedia sacra. Sin embargo, la desvergüenza en el cruce de motivos, influencias, y lecturas que se cruzaban durante el proceso concluyeron, una vez más, en un relato barroco y atormentado sobre la búsqueda de la identidad y la fe”. Así describe Alfredo Staffolani su creación más reciente, ahora en cartel en La Carpintería, la sala del Abasto.

Según la sinopsis de la obra, promediando los años ochenta un vagabundo veinteañero llega a una casa de retiro, escapando de su padre. Allí será recibido por dos religiosos de poca monta quienes aprovecharán el suceso para fantasear con la llegada de un enviado de Dios como el único camino posible hacia el olivo, las jerarquías y los privilegios de los sacerdotes de alto rango. Sin embargo, Manuel cree haber llegado al lugar indicado: su especulación mística y la relación con un aparato de música funcional parecen ser la salvación de un camino hasta ahora plagado de miseria y tormento.

«El buen destierro» se presenta en La Carpintería.

Con este punto de partida, le pedimos al autor y director que contara la génesis de su proyecto, que coincidió con el momento más duro de la pandemia, mientras estaba en Alemania, becada para generar esta obra. Y esto escribió Staffolani:

Hubo una piedra con forma de corazón que robé de una tumba en el Cementerio Bogenhausener Friedhof de Múnich. En ese jardín, junto a una Iglesia pintada de blanco, está enterrado Fassbinder. Le llevé un borrador de El Buen Destierro apenas la terminé, sabiendo que iba a volver forzosamente a Buenos Aires cuando la peste se había desencadenado y no tuve más remedio que tipear es el fin antes de lo que otras veces esperé para haberlo hecho. Un minuto después de llevarme la piedra y dejar ese primer final impreso, una tormenta de nieve se desencadenó, pasaban delante de mi unos chicos agarrados con una soga por su maestra, y una mujer muy alta envuelta en una bufanda negra me hizo una pregunta en alemán que todavía no puedo descifrar. Aparentemente Rainer María deambula todavía por Múnich como un fantasma, y yo, que creo en todo tipo de espectros, lo vibré como un fanático. Había caminado las mismas calles que él buscando algún tipo de conjuro que pudiese traducirse en escenas, era difícil porque yo que iba a escribir una versión de Medea, pero porno, y me encontraba siempre caminando con el GoogleMaps en dirección a la pileta del Club de Solln o a un restaurante Indio, un barrio de futbolistas con una iglesia por cada calle en el recorrido y el rumor de unos curas que charlaban en el solcito de la vereda los veinte o treinta minutos que aparecía: Era un Dios de Bavaria el que me iba llevando a una escena que seguía a otra que ya conservaba desde antes de viajar, a mano, en un cuaderno azul. Era la historia de una monja que queda embarazada y jura que el progenitor es una nueva forma de Dios, de carne y hueso, un chamán que tiene poderes para curar la culebrilla y es muy popular en el pueblo donde vive. Yo creo en los milagros. Probablemente así de atropellado y sin justificación le quité esa escena de la monja y usé las dos que estaban antes y otra que venía un poco más adelante. Tenía también algunos monólogos en los que creía que la voz era la misma siempre, y sobre los cuales empecé a hacer algunas pruebas.

Alfredo Staffolani escribió y dirigió «El buen destierro».

Escribir una obra es también leer muchas otras en simultáneo y entrar, durante un tiempo, en una manía por fundar una ficción dormida en alguna caja del inconsciente, una nueva verdad revelada por sus pliegues y sus salpicaduras. Cuando el proceso de ensayos comenzó en Buenos Aires, iba cortando párrafos de las escenas que no me interesaban y los actores me decían; si no hubieras sido el autor de este texto, serías menos estricto con lo que identificás como problemas. Es posible: Una voz bufona y lírica me fue dictando en el trabajo con Mariano Sayavedra, Javier Rodriguez Cano, Nicolás Balcone y Gonzalo Bourren, cada una de las tijeras que con otros procedimientos del trabajo iban a parecer de manera irremediable. Muchas narrativas conviven en un proceso de puesta en escena donde pareciera que un equipo se reúne para invocar al mismo fantasma desde distintas influencias y retóricas, pero en una misma dirección: Las imágenes a las que fuimos recurriendo para diseñar la luz y el espacio, para elegir la tela y los postizos parecían traer acuerdos que nunca habíamos hecho, pero que sin embargo se iban imponiendo. Un equipo artístico y de producción trabajando relee y reescribe una obra tantas veces como esa hipótesis de aparición se manifiesta en cada fase del proceso. No me la imaginaba así cuando caminaba en Múnich hacia la Pileta. Iba con los auriculares pensando en un fondo infinito con imágenes de otro fondo infinito. ¿Dónde quedó esa imagen? ¿Quién iba a financiarla? ¿Cómo iba a abandonar su deseo de no representarse jamás? ¿Qué queda de una obra que luego se convirtió en otra obra? ¿Debería enumerar todas las puestas que nunca hice? ¿Qué fantasma me condujo una vez más a otro lugar?

«El buen destierro» con texto y dirección de Alfredo Staffolani está protagonizada por Nicolás Balcone (el padre), Gonzalo Bourren (Manuel), Javier Rodríguez Cano (Aldo, el grande), Mariano Sayavedra (Roberto). Funciones: Viernes a las 22.30 en La Carpintería, Jean Jaures 858. Localidades $1000 por Alternativa Teatral. Ganadora del Premio Estímulo Banco Ciudad – CTBA, la obra fue realizada durante el Programa Welt/ Bühne – Escenarios de Mundo – del ResidenzTheater de Múnich en la temporada 2019/2020

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