Actriz, directora y dramaturga, con su obra «Los mosquitos», que se presenta en la sala El gito, buscó sanar el dolor por la pérdida de su padre. También reflexiona sobre todas sus facetas creativas a la que suma la de ser directora de castings.
Texto: Muriel Mahdjoubian. Fotos: Prensa.
Dentro de los procesos de transformación que implican las pérdidas y, frente a un desenlace dramático, Fabiana Uría pudo vislumbrar una manera de canalizar ese dolor y fue a través del arte. De ahí surgió Los mosquitos, la obra que presenta en la sala El grito, y que es un homenaje a su padre fallecido durante la pandemia.

“Podés usar el arte para sanarte. Para mí fue una buena decisión, encontré ese camino y me di la posibilidad de escribir mi obra, dirigirla y actuarla. Me regalé a mí misma estar arriba del escenario», reflexiona la actriz, directora y dramaturga. “Para mí Los mosquitos, es la posibilidad de espejar algo que nos pasa a todos y saber reconciliarse con el dolor desde un lugar de la alegría, de aprender a reírnos porque siempre luego de algo malo, llega lo bueno”,explica, Uría protagoniza la obra junto a Aldo Alessandrini, Hector Guilligan, Marcos Mitnik, German Canosa, Lucia Abella, bajo la dirección de Marcelo Rembado.
Un mes antes de la pandemia, su padre tuvo un episodio cardíaco muy grave y estuvo quince días internado en terapia intensiva y el día que se declaró el aislamiento obligatorio, le exigieron a su familia externarlo porque se cerraba todo. Frente a esta situación, su madre le dijo que lo llevara a su casa y así lo cuidaban entre las dos, a pesar de que ellos estaban separados hacía mucho años. “Pero a los seis meses, él falleció. Fue algo muy dramático. Sin embargo, pudimos estar todo ese tiempo a su lado y eso fue muy lindo. Lo pudimos cuidar de muy cerca y él estaba contento. A mí me pareció sanador convertir todo esto en una obra, es un homenaje a él”, cuenta.
En Los mosquitos se retrata a una familia durante la pandemia que, como los mosquitos que parecen apoderarse del jardín, sobrevuela a los personajes y sus conflictos por distintos temas: una pareja que enfrenta varios problemas, sus hijos que arrastran sus propias problemáticos y un abuelo que parece estar perdido en su laberinto mental. Pero a pesar todo, están juntos y decidios a celebrar la vida.
–Pudiste convertir el dolor en arte, ¿cómo fue esa experiencia?
-Fue muy difícil porque hubo que cuidarlo con una condición física muy grave. Al haber estado mucho tiempo internado, salió totalmente desorientado, y con un vuelo muy gracioso. Estaba muy simpático y no paraba de hacernos reír, a pesar de su grave y delicado estado. Él falleció el día del cumple de mi madre. Y al año siguiente murió mi mamá. Fue uno atrás del otro, y en medio de esa locura fue que escribí la obra. Además, mi personaje en la obra, se llama Patricia, que era el nombre de mi hermana que en el 2013 falleció luego de una enfermedad. La obra lo que hace es mantenerlos en la memoria. Siento que es una manera de sanar, a través del arte y todo eso está ahí en el escenario y lo comparto. Por otra parte, en el 2011 también pasé por un momento personal muy difícil y eso me enseñó a vivir el presente, todo el tiempo, a celebrar la vida. Por eso me pareció algo muy lindo para la obra conmemorar el jardín, a mi papá, a mi mamá, a mi hermana y hasta mi gato, y poder transformar todo eso en algo que saque una sonrisa.

–¿Por qué la preponderancia de los mosquitos?
-Es una obra que escribí en pandemia y transcurre en un jardín que es el de mi casa, donde vivo en San Andrés, donde abundan los mosquitos. Mis padres vivían en una casa adelante, y mi marido y yo, atrás y en el medio está el jardín. Cuando mi padre estaba muy enfermo, íbamos de una casa a la otra y en el jardín era donde sucedían las cosas. El jardín fue la imagen disparadora para crear la obra. La escribí en 2019 y se estrenó en 2024, luego del dengue. Nosotros desde siempre tuvimos que luchar con los mosquitos.
–También sos directora de casting y ocupaste ese rol para las series «En el barro», «El marginal», «Un gallo para Esculapio», «El encargado», «Historias de un clan», «Diario de un gigoló», entre otras tantas. ¿Cómo es ese trabajo?
-Hace más de 26 años que trabajo como directora de casting. Comencé como actriz. Yo estudiaba actuación, cine y trabajaba en audiovisuales en el área de producción, era asistente de dirección y además hacía los castings. Al saber cómo dirigir a los actores y conocerlos, me convocaban cada vez más para ese rol. Empezó a funcionar muy bien y estaban muy contentos con los resultados de mi trabajo. Siempre el norte fue la dirección de actores y el conocimiento de ambos lados. En el 2001 abrí mi propia castinera, La Hormiga que creció mucho a lo largo de estos años.

-En este caso, aparece otro insecto, la hormiga ¿Por qué se llama así?
-Por el concepto del trabajo de hormiga. Cuando la abrí estaba sola y literalmente fui haciendo trabajo de hormiga. Un día conseguía una cámara, otro día un trípode y así sucesivamente.
–¿Es difícil hacer una selección para un casting?
-Una de las cosas para mí maravillosas del casting es la oportunidad de ser un puente para conseguir trabajo artístico a la gente. Pero después, elegir a alguien depende de muchas cosas. Con La hormiga una vez nos pasó que mandamos a filmar a Rumania a actores argentinos con un cliente hindú y fue una experiencia fascinante. Para mí lo más importante para los actores, y no me canso de repetirlo, es que no se frustren si no los eligen. No hay que frustrarse porque la chance de hacer un casting es la posibilidad de mostrarle a alguien algo que todavía no vieron de uno y que en algún momento va a florecer. Esto lo tengo claro y lo sé porque lo viví mucho tiempo como actriz, yo también hacía castings y necesitaba ser elegida para poder pagar mis cuentas. Eso me generaba mucha angustia. Hay que tratar de no depender del ánimo de un productor, si me llama o no. Uno tiene que poder ser artífice de su propio destino.
–¿La idea sería autogestionarse para no depender?
-Si, a mí en un momento me empezaron a dar ganas de generar mis propios proyectos para no tener que depender de otro. Además es la mejor manera de mostrar lo que podés hacer. Yo soy muy de la autogestión, del trabajo de hormiga. Ahora es muy común que la gente más joven te pregunte: ¿pero, esto tiene salida laboral? Yo no te lo puedo asegurar. Es muy fortuito. Y a veces hay que hacer las cosas porque te apasionan. Lo hacés por amor.
–Además das clases de teatro, ¿cómo te sentís en ese rol?
-Si, hace muchos años que doy clases y es algo que me gusta y disfruto mucho al igual que escribir. Yo me refugié mucho en la escritura porque me da mucha libertad y también deja que mi imaginación vuele y me permito jugar un montón. Cuando escribo trato de ir por el humor desde algo emotivo, intento poder reírme de las cosas malas que me pasan. Ahora estoy estudiando dramaturgia con Maruja Bustamante. Y en mis clases de teatro tengo talleres para principiantes, de entrenamiento actoral y un curso de montaje de obras. A La Hormiga en pandemia tuve que cerrarla, el espacio físico no está, pero sigue de manera online. Y cuando necesito alquilo distintos espacios.
Los mosquitos: sábados a las 18 en El Grito, Costa Rica 5459. Entradas por Alternativa Teatral.
