Entrevistas

Alberto Ajaka: «Hay algo terapéutico en esta obra»

El actor interpreta a varios personajes, entre ellos un perro, en «Lo que queda de nosotros», la obra que protagoniza junto a la colombiana Carolina Ramírez. Su vínculo con los animales y los ensayos como su territorio favorito en el oficio.

Por Diego Jemio. Fotos: Gentileza obra «Lo que queda de nosotros».

Una mujer golpeada por la vida, algo desapegada de los afectos. Un perro callejero e incondicional. Una adopción. Y el vínculo entre esos dos seres a lo largo de una vida. Lo que queda de nosotros está formada por esos elementos, con una puesta sencilla de banquetas y una mesa multipropósito. La actriz colombiana Carolina Ramírez -famosa conocida en el país por la serie La reina del flow– y Alberto Ajaka interpretan la obra dirigida por Virginia Magnago, que tuvo algunas funciones el año pasado y ahora se reestrenó en el Teatro Multitabaris.

Ramírez es Nana. Y Ajaka tiene el desafío de interpretar a varios personajes, entre ellos al perro Toto. El actor cuenta cómo fue interpretar a ese personaje no humano, qué fibras toca la obra y el desafío de presentar una propuesta de profunda sensibilidad en la Avenida Corrientes.

La obra tuvo algunas funciones en 2022 y ahora acaban de reestrenar. ¿Qué cosas nuevas le fuiste encontrando al material con estas nuevas funciones?
-La última función que hicimos el domingo pasado tuvo una precisión alta, tanto en lo técnico como en la actuación. Creo que todas las obras se resignifican con el tiempo así como el vínculo que uno establece con ellas. Me pasó, por ejemplo, en Ala de criados, que la hice durante tres años. Los intervalos, como el que tuvimos con ésta, resignifican mucho el encuentro con la obra; tenés tiempo para pensar y reflexionar con mayor tranquilidad. El estreno llega con una acumulación de información, que a veces no te permite vislumbrar ciertas cosas.

Carolina Ramírez es militante por los derechos de los animales. ¿Cuál es tu vínculo con las mascotas?
-Claro, ella hizo la obra en Colombia y me convocó a mí para este rol. Yo tuve un único perro durante los once años que vivió. Le tenía miedo a los animales. Fue un compañero importante para mí en el tránsito de una separación, algo que casualmente le pasó al autor (el texto es de Sara Pinet y Alejandro Ricaño). Mi perro se iba a la reja del vecino, donde vivía una perra. Siempre soñé un poco que deje la vida burguesa y que vaya a rocanrolear a la calle. Quizás sea la fantasía de uno mismo.

Cuando vos construís un personaje, te basás en ciertos tipos; tenés un anclaje para comenzar a pensarlo y armarlo. Supongo que con Toto fue diferente. ¿Cómo fue ese proceso para hacer a un perro?
-Toda construcción de un personaje es una síntesis poética. También me tocó hacer a Macbeth y no soy escocés, ni rey ni asesino. Sé que en apariencia no es lo mismo, pero quiero decir que se puede ser cualquier cosa. Desde lo más básico, quise escaparle al perro de peluche. No quería usar nada de peluche ni con orejas. Entonces empezás a sintetizar en tu construcción. Borges decía: “El teatro es el arte en el que alguien finge lo que no es y hay otro, que es el espectador, que finge que se lo cree”. Con esa convicción, especulo con un espectador que tiene un ojo crítico y que está cargado de información. Para construir al perro me puedo agarrar de un poema o pensar en la bajada del subte de 9 de Julio y Pellegrini, donde hay muchos seres humanos tan desclasados como el personaje de Toto. La construcción está mezclada de muchas cosas y de la conversación con el director.

Y supongo que ese camino se completa en los ensayos…
-Claro, soy un obsesivo con eso. De todo lo que tengo que hacer como actor, el ensayo es lo que más me gusta. Ese territorio es una repetición sobre determinadas pruebas.

Si uno recorre la Avenida Corrientes, debe hacer diez comedias por cada obra que no lo es, como la que hacen ustedes. ¿Qué fibra te parece que toca la obra y cómo enriquece el menú que ofrece el teatro comercial?
-Cuando me lo ofrecieron, pensé justamente eso: “No sé si es para la calle Corrientes, pero vamos para adelante”. Soy consciente de que nuestro desafío es ofrecer entretenimiento de calidad. Y eso también lo logran algunas comedias bien actuadas, con una buena puesta para pasar una velada teatral. Esta obra tiene su peso dramático y cumple con una de las cosas que decía La poética, de Aristóteles, que es la catársis. Hay algo terapéutico en esta obra. Es emotiva y cada tanto aparece esa sonrisa que alivia y que da la idea de que estamos frente a una representación. Si se quiere, intentamos lograr un objeto teatral que trascienda los límites acostumbrados en las obras de la calle Corrientes.

Lo que queda de nosotros realiza funciones de miércoles a viernes, a las 21, los sábados, a las 19.30 y 21, y los domingos, a las 21, en el Teatro Multitabaris (Avenida Corrientes 831). Entradas en la boletería del teatro o a través del sistema Plateanet.

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