Críticas

Una mirada sobre el deterioro cognitivo con humor negro y sin solemnidad

«Perdida Mente» cuenta la historia de una jueza de la nación que padece mal de Alzheimer, con dirección de José María Muscari.

Por Diego Jemio. Fotos: Prensa Perdida Mente.

Una jueza de la nación parece tenerlo todo: una carrera intachable, éxito y dinero. Vive en una mansión, con una empleada doméstica que la respeta y quiere. Pero un día comienza a perder la memoria. Al principio, son pequeñas lagunas. Luego, grandes territorios de olvido. En ese momento, decide convocar a su familia y personas más cercanas para contarle la noticia y decidir qué pasos seguir.

Ésa es la historia que propone Perdida Mente, la obra con dramaturgia de Mariela Asensio y José María Muscari y dirección del propio Muscari. Leonor Benedetto interpreta a la jueza en cuestión en un elenco que completan Julieta Ortega, Karina K, Ana María Picchio y Patricia Sosa.

El espacio donde todo sucede es un gran living, en el que comenzarán a tejerse los vínculos y -principalmente- las reacciones de los familiares ante la noticia: mal de Alzheimer. Ortega es una niña carente de afecto, que no creció. O lo hizo a fuerza de compras y narcóticos. “Sólo sé que está viva porque me llega el resumen de la tarjeta”, dice su madre para definir el vínculo. Está la abogada y amiga (Sosa), interesada en su “beneficio” económico. Karina K como la hermana loquísima y Picchio interpreta a la empleada.

Ansensio tiene experiencia en abordar el tema de la salud mental en el teatro. Es autora de la extraordinaria obra La casa oscura, que ella misma protagonizó junto a Maruja Bustamante. Acá, junto a Muscari, intenta meterse en el mundo del deterioro cognitivo con tanto humor como voluntad de alejarse de la solemnidad.

En las escenas, los personajes encarnan a las reacciones más comunes que tienen las personas ante un caso así: el pase de facturas, la codicia, la falta de empatía… En fin, la imposibilidad de acompañar al otro en ésta su nueva realidad. Y, en algunos casos, hasta el punto de olvidarse que hay un otro.

Benedetto rompe la cuarta pared para referirse a las cuestiones más profundas de nuestra mente; algunos preceptos vinculados a la neurociencia. ¿Cómo funcionan el recuerdo? ¿Por qué recordamos algunas cosas y olvidamos otras? ¿Qué es lo importante y qué lo intrascendente?

El humor surge como hijo de la desesperación, como la tapa de una olla que no puede más por la presión. Con amplia formación en el teatro musical y el clown, Karina K es quizás el personaje con más colores y recursos. La hermana de la jueza tiene un desequilibrio emocional y siempre vivió a la sombra de su hermana. En un elenco parejo, ella es la que mejor encarna el realismo delirante que proponen Muscari y Asensio. Picchio también aporta verdad y ternura en su personaje, alquien que se conforma con tener un trabajo y que quiere cuidar cuando todas a su alrededor buscan la fortuna de la señora.

Muscari propone un registro de visceralidad en sus actrices, que se mantiene casi inalterable en toda la obra. Ese tono quizás resulta algo estridente con el correr de los minutos y le quita sutileza a esta mirada sobre la salud mental, pero principalmente sobre los lazos humanos y las dificultades para vincularnos. Pese a eso, Perdida Mente logra tocar un tema delicado con una estética teñida de humor, sin renunciar a cierta profundidad.

Perdida Mente se puede ver de miércoles a viernes a las 20.30, sábados, a las 20 y a las 22, y domingos, a las 20, en el Multiteatro Comafi (Avenida Corrientes 1283).

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