Entrevistas

Walter Jakob. Cómo crear una comedia colectiva, vegetal y alocada

El actor, director y dramaturgo cuenta las claves de una obra hecha a seis manos, la importancia del consenso y analiza la escena teatral luego de la pandemia.

Por Diego Jemio. Fotos: Gentileza Prensa «El intermediario».

Dos hermanos de unos 50 años que viven juntos. Un vecino que incomoda. Un emprendimiento que no sale bien… más bien que resulta un desastre. El amor por la jardinería. Esos elementos forman la maquinaria teatral de El intermediario (una comedia vegetal), con dramaturgia de Walter Jakob, Julia Catalá y Marcelo Mariño.

La obra, dirigida por Jakob y protagonizada por Catalá, Mariño y Rafael Solano, ganó el Premio Banco Ciudad 2021 y realiza funciones en Timbre 4. Jakob cuenta cómo es escribir una obra a seis manos, las imágenes que fueron surgiendo en la creación colectiva y la revitalización del teatro después de la pandemia.

La dramaturgia de la obra es de Julia Catalá, Marcelo Mariño y tuya. Ya trabajaron juntos en “Viva Italia” ¿Cómo es el proceso de trabajar a seis manos con ellos que, además, actúan?
-Nos conocemos mucho y trabajamos juntos en otras obras. También compartimos parte de nuestra formación allá por el 2001 o 2002 en el taller de (Javier) Daulte y (Alejandro) Massi. Hay un terreno en común de intereses y de nuestra idea del teatro. Me gusta decir que en estos proyectos la dirección empieza antes que la dramaturgia. Ya hago de director mientras escribimos; buscamos entender qué es aquello que queremos narrar.

Julia Catalá, Marcelo Mariño y Rafael Solano en una escena de la obra.

Y supongo que entenderlo desde lo colectivo…
-No es que alguien viene con una idea y ya. Sino que es más bien pensar juntos y entender dónde nos vamos a parar. En Viva Italia, ellos habían sido un matrimonio. Esta vez, decidimos modificar eso de entrada. Se nos ocurrió que fueran hermanos, que vivieran juntos a los 50 años y que ella tuviera un proyecto fuera de casa, mientras él se ocupaba de las cuestiones domésticas. Así comenzamos a desarrollar las escenas. La escritura de la obra es un proceso de descubrimiento; es ir intentando la historia a medida que se escribe. Imaginamos juntos, tiramos textos juntos y yo voy organizando. Estás consensuando continuamente y lejos del capricho personal. Si planteás algo, es algo que tiene que poder discutirse. En eso tengo cancha porque trabajo mucho con Agustín Mendilaharzu.

En esa historia de hermanos y de un proyecto editorial, ¿cómo aparece la cuestión de las plantas?
-Lo de las plantas se cuela en la escritura de una forma accidental. Ahí surgió el nombre de la dieffenbachia, que la usamos por el mero placer de decir dieffenbachia en escena -se ríe. Después quedás comprometido con eso que tiraste: se plantean los elementos y hay que desarrollarlos. Conectamos la jardinería con la lectura del libro, que la editorial de la hermana había lanzado. Luego viene el momento en el que hay que enrarecer las cosas y hacerlas más alocadas.

Julia Catalá y Marcelo Mariño son hermanos en la obra.

¿Qué rol ocupa la música en tus obras? En “La edad de oro” aparece el amor por el rock y el coleccionismo. Y acá también hay un interés puesto en los separadores entre escena y escena.
-Acá se usa bastante en los apagones y en la progresión dramática como un lugar de descanso y transición. La música es de Gabriel Chwojnik. Vamos viendo la tensión dramática y la atmósfera que se le imprime a cada final de escena. Y cuando conviene tensionar y subrayar. La música le da carácter de espectáculo a la obra; le da un marco al material y dialoga con él.

Muchas obras se están presentando a sala llena y se nota un ánimo renovado por ver teatro. ¿Notás que la pandemia resignificó de alguna forma la actividad?
-Siento alegría por lo que pasa y siento que algo se revitalizó. Tuve la suerte de empezar a actuar ya el año pasado. Hay mucha gente que quiere ver teatro y hay un redescubrimiento del encuentro con el público, con la obra y con el hacer obras con el cuerpo. Es como si algo del sentido se amplificara. También estoy haciendo funciones como actor en Medea meditativa y lo estoy viviendo desde ese lugar. Había una necesidad que estaba frenada por la pandemia. Cuando la retomamos, creo que todos pensamos un poco en cómo pudimos vivir sin esto.

«El intermediario (una comedia vegetal)» realiza funciones los domingos, a las 20.45, en Timbre 4 Sala Boedo (Boedo 640). Entradas por Alternativa Teatral o en la boletería de la sala.

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