Entrevistas

Matilde Campilongo: “El proyecto de La Tortuga nos transformó y nos salvó”

La actriz cuenta cómo adaptó su casa y vida familiar para estrenar la obra en pandemia y el paso de lo virtual a la presencialidad.

Texto: Muriel Madhdjoubian Rebori. Fotos: Leandro Bauducco.

Matilde Campilongo se inició en el mundo del arte en un principio como bailarina y luego derivó a la actuación. “A la danza la voy a amar siempre, pero sin el teatro me muero”, cuenta la actriz quien, además, es agrimensora y actualmente protagoniza el monólogo La Tortuga, de Marcelo Allasino.

Su trayectoria artística es tan ecléctica como su formación: fue bailarina por más de cinco años en el programa Hola Susana y trabajó en espectáculos de danza, con los que se presentó en diversos espacios y festivales nacionales e internacionales.

“Tengo un estudio de agrimensura. Estudié la carrera en la UBA y paralelamente bailaba. Siempre trabajé de manera independiente. Lo artístico es mi vocación, lo otro lo hago con mucha responsabilidad y respeto, pero yo vibro con el teatro”.

La Tortuga, producida y dirigida por Marcelo Allasino, fue uno de los primeros espectáculos que se estrenó online, a través de la plataforma UAIFAI en el contexto del primer confinamiento mundial por la pandemia. Luego de haber tenido una exitosa temporada de forma virtual, hoy se puede disfrutar de manera presencial todos los domingos en La Gloria Espacio Teatral.

Campilongo y Allasino.

El espectáculo se iba a estrenar el 18 de abril del 2020 en El camarín de las Musas. “Estábamos a una semana de estrenar cuando se desató la pandemia. Teníamos todo listo: horario central, la escenografía, la prensa, hasta la ropa colgadita y, de repente, todos adentro. Ese momento fue de mucha conmoción, por el temor y todo lo que representó el aislamiento obligatorio. En un comienzo, creíamos que iban a pasar quince días y luego íbamos a poder estrenar. Teníamos esa ilusión, pero también no entendíamos mucho lo que pasaba y cómo iba a ser la pandemia. Todos fuimos aprendiendo en el camino. Un día le dije a Marcelo que ya no daba para más, que no tenía sentido seguir ensayando si cada vez se extendía más el aislamiento. Me angustié, lloré e hice catarsis. A la semana Marcelo me cuenta que creó una plataforma que se llama Teatro UAIFAI que nos permitiría trasmitir la obra en vivo”, relata la actriz.

Su hogar funcionó como un lugar de cobijo, de seguridad, de contención y de sanación, pero lo que no sabía que iba a suceder es que su propia casa, en Parque Chacabuco, se transformaría en el primer escenario de La Tortuga. “Me encerraba en un cuarto y usaba como escenografía el sillón preferido de mi gata para hacer la función online. Había que recluirla a Niní con alguno de mis hijos porque le encanta ese lugar, y podía estar maullando en la puerta un buen rato”, explica Matilde.

¿Cómo fue la experiencia de hacer La Tortuga online?
Ensayamos mucho por Zoom y no sabíamos que podía llegar a pasar. El teatro online y el streaming fueron muy cuestionados. Nosotros también estrenamos llenos de preguntas, sabíamos que no era teatro, pero era una propuesta en vivo, con lo cual algo de eso sucedía. A mí me pasaba en el cuerpo en ese momento; no era algo grabado. Respetamos mucho la teatralidad y no nos metimos tanto con el lenguaje audiovisual, que no es lo nuestro. Marcelo siempre me decía: «Vos mandate con todo al personaje porque nosotros no queremos quitarle teatralidad. Nos lanzamos a un abismo y lo hicimos con todo. Mis amigos y colegas me decían que era la única actriz que actuaban en plena pandemia y yo sentía tanta gratificación por ese esfuerzo. Me sentía privilegiada. Fue muy conmovedor para todo el equipo de La Tortuga. Y haberla podido estrenar en el teatro presencial también fue crucial para todos nosotros. Era algo que nos lo debíamos.

Una escena de la obra, que nació en pandemia y ahora hace funciones presenciales.

¿Cómo te preparabas para la función en tu casa?
Era muy fuerte porque yo preparaba el espacio, la luz, la música, todo. Era una gran logística familiar; ese día había que cenar temprano o muy tarde porque no podía haber ningún ruido. Por suerte, mi familia me banca en esto. Porque en esos momentos ellos tienen que ser invisibles.

Pudiste viajar con la obra de manera virtual por varios países. ¿Cómo fue esa experiencia?
Eso fue una de las cosas muy positivas de la virtualidad: nos podían ver de todas partes. Mis amigos me decían que juntaba millas en el living de mi casa porque lo hicimos para Colombia, Brasil, Chile, España y Panamá. La Tortuga online estuvo en siete festivales por distintas partes del mundo.

¿Notaste un cambio del público virtual al vivo?
Ahora, en el teatro con el público en la sala, salto en una pata. Mis amigos que siempre me acompañan me dicen que la obra es otra cosa en vivo. El proyecto de La Tortuga nos transformó y nos salvó frente a esa situación pero para mí también es algo completamente distinto, cuando hago la obra de manera presencial; ahí siento que estoy vibrando con la gente al mismo tiempo. Yo transité una experiencia que no me la quita nadie, pero ahora volvimos al teatro con la obra que nosotros soñamos, con la que trabajamos y queríamos compartir con el público.

La obra se hacía en la casa de Campilongo.

¿Por qué el nombre?
Hay algo del personaje que tiene que ver con este animal. Ese caparazón que se pone. Ella tuvo que hacerse muy dura para poder resistir un montón de dolores, pero así y todo camina despacio y lento. Su vida está plagada de resentimientos, de poco disfrute, pero con un nivel de resistencia tremendo. El caparazón de la tortuga es muy resistente, tiene que ver con la resistencia de las mujeres que, hoy en día también, estamos pudiendo discutir muchos temas que las mujeres de mi generación no pudimos.

¿Cuáles son tus proyectos para lo que queda del año?
Estoy haciendo Tu amor será refugio, de Juan Ignacio Fernández, dirigida por Cristian Drut en la sala Beckett. Para fin de año vamos a estrenar en el Teatro Cervantes, Las manos de Eduviges al momento de nacer, de Wajdi Mouawad y dirigida también por Cristian Drut. Además, tengo un proyecto audiovisual, que me tiene muy entusiasmada sobre una obra de Natalia Villamil que se llama Morir a cada rato.

«La Tortuga» realiza funciones los domingos, a las 19.30, en La Gloria Espacio Teatral (Yatay 890). Entradas a través de Alternativa Teatral o en la boletería del teatro.

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