Entrevistas

Santiago Gobernori: «Me gusta no poder clasificar lo que veo»

El actor, autor y director habla de sus obras en cartel, de cómo desempeña sus distintos roles y cómo ve la escena actual.

Texto: Muriel Mahdjoubian.

“Viví muchos años con escenografías en mi living”, cuenta el actor, director y dramaturgo Santiago Gobernori quien actualmente forma parte del elenco de Hielo Negro, de Luciana Acuña y Luis Biasotto, con dirección de Luciana Acuña en el Teatro Sarmiento. Gobernori es una de las figuras claves del teatro independiente argentino, y junto a Matías Feldman hace más de una década fundaron el Club de teatro Defensores de Bravard, en donde se respira teatro las 24 horas. Hay clases, ciclos y funciones varias. El festejo de los 15 años de existencia, lo celebraron con un festival en su nueva sede en el Galpón de Guevara, en el barrio de Chacarita.

Gobernori es egresado de la carrera de Dramaturgia de la Escuela Municipal de Arte Dramático a cargo de Mauricio Kartún. Se formó como actor con Rafael Spregelburd, Mariana Obersztern y Ricardo Bartis.“Cuando en la secundaria todo el mundo empezó a tomar decisiones acerca de qué estudiar , yo sabía que quería hacer algo relacionado con lo artístico y me anoté en teatro. Fui al Centro Cultural Rojas. En esa época jugaba al rugby, martes y jueves, y busqué un curso que fuera los miércoles así seguía jugando y me anoté con Mariana Obersztern. No tenía ni idea quien era, su apellido, me resultó interesante y me inscribí. Me encantó. Y cuando terminé con ella seguí con otro de apellido complicado, Spregelburd ”, cuenta el dramaturgo y director de Conurbano, Cotidiano. Esta obra se presenta en el Galpón de Guevara.

«Hielo Negro» se presenta en el Teatro Sarmiento.

Conurbano Cotidiano narra la historia de dos amigas que viven en la ciudad de Luján. Una de ellas recibe a un nuevo compañero de casa, un periodista que, cansado de la vorágine de la ciudad, acepta un trabajo allí para intentar, tener una vida más tranquila. “Eso es lo que menos me interesa, lo importante ahí es cómo lo narro. Dónde está la búsqueda del lenguaje a partir de eso. Por suerte, hay muchos colegas que siguen defendiendo ese lugar poético que tiene el teatro”, dice.

¿Cuál es tu lugar de origen?
-Soy del conurbano, de la zona sur: Monte Grande. Me crié con mi familia materna porque mis padres se separaron cuando yo tenía dos meses. A mí papá no lo conocí hasta los veintipico de años, es artista plástico, pero yo nunca tuve esa línea de formación paterna artística. Y mi mamá tira las cartas, es muy buena, y militaba para el radicalismo. Allá en Monte Grande prácticamente no veía teatro porque no había mucho para ver. Hice algunos cursos de chico, pero después jugué al rugby y ese fue mi mundo por muchos años.

¿Cómo surgió Conurbano Cotidiano?
-Nosotros hicimos dos obras antes, La verdad efímera y Pobre Daniel, en el 2018 con las mismas actrices y con procedimientos muy parecidos. La propuesta era juntarnos a ensayar y ver para donde nos llevaba el material. En el caso de La verdad efímera, yo les proponía cosas, ellas improvisaban y después corregíamos. Se armó con ensayos. En Conurbano Cotidiano fue al revés, yo escribía y luego probábamos. Un mes antes del estreno nos dimos cuenta que había muchas cosas que no funcionaban y las sacamos. Teníamos ciertas dudas.

¿Es un procedimiento un poco riesgoso?
-Yo me recibí de dramaturgo, tengo toda la formación para poder escribir, sé qué es lo que tiene que pasar en una obra para que funcione, el tema es que no me divierte hacer ese tipo de obras, ni me interesa verlas tanto como espectador. Me gusta no poder clasificar lo que estoy viendo, prefiero esa cualidad que tiene el teatro. Por eso, con Feldman hablamos mucho del extrañamiento, de lo que no podés poner en palabras.

¿A qué te réferis cuando decís extrañamiento?
-A cuando decís esto que veo, lo entiendo, pero tiene cierto corrimiento que no termino de identificar qué es. En Conurbano Cotidiano no puedo definir qué es, si es una obra dramática, post dramática , si es un musical. Nosotros a nuestros alumnos le trasmitimos que no tengan una sola manera de hacer las cosas. Nuestra marca registrada en la escuela, es no tener una marca registrada. Siento que el teatro perdió un poco esa cualidad y se está valorando la obra lineal. Esta es una obra que la pensé para hacer en el living de una casa. No tenía ganas de que sea una pieza teatral, la ideé más como un happening, Yo creía que solo íbamos a hacer ocho funciones, y nos fue bárbaro.

¿Por dónde comenzás cuando escribís?
-¿Por dónde arrancar? No sé nunca. Me abruma. A veces estoy en proyectos creativos que no sé ni a donde ir y entro en un estado de crisis fuerte. O digo esto es una porquería, pero igual no dejo de trabajar, trato de buscarle la vuelta. Con Conurbano Cotidiano antes de estrenar le mostramos unos ensayos a unos amigos y no se rieron nada, la risa vino con el correr de las funciones.

¿Cómo fue la experiencia en la compañía de teatro de Mariano Pensotti?
-Trabajé muchísimo en Europa con Mariano Pensotti y gracias a eso, conozco varios festivales y directores. Fue una gran experiencia que extraño un poco, a pesar de que en un momento me cansó mucho. Hubo períodos en los que fui tres o cuatro veces en un año. Los festivales son un gran mercado y por eso, siempre figuran los mismos nombres. Creo que ahora está todo más difícil porque la recesión cultural llegó a Europa. Acá también pasa que los que manejan los festivales están hace 20 años y empiezan a direccionar un poco lo que les gusta y no abren mucho el espectro.

¿Cuáles son los lineamientos de tu escuela?
-No tenemos una sola línea. Nosotros no creemos en un único lenguaje. Es una escuela informal que no está divida por años, y a su vez es muy profesional en cuanto al trabajo. Somo exigentes, no sólo en la parte del entrenamiento de formación, sino también en el armado de escenas. A fin de año siempre hacemos una muestra. Ahora va muy bien la escuela, pero en la pandemia nos liquidó como a todos. De todas formas, sobrevivimos porque dimos clases por zoom y en plazas. Lo que percibo a lo largo de estos años es que muchos estudiantes se anotan y van dejando en el camino, está todo un poco raro. Lo que nosotros no queremos es perder el lugar social del teatro. Porque lo tenés que hacer con gente, hay que juntarse a ensayar. Y se completa cuando vas a verlo, y si se pierde eso, estamos al horno. Y todavía hay gente que no tiene ganas de juntarse con el otro. Muchos prefieren quedarse encerrados viendo una serie en su casa. Y es una pena.

¿Cuáles son tus proyectos de aquí en adelante?
-Acabo de estrenar como actor Hielo Negro, de Luciana Acuña y Luis Biasotto, con dirección de Luciana Acuña en el Teatro Sarmiento. Los textos son de Luis Biasotto, Luciana Acuña y Mariana Chaud. También vamos a retomar el antiguo ciclo de los Sketches Solemnes, que lo hacemos desde que se creó Bravard, hace 15 años. Es una cosa medio de recreo, serán cuatro funciones en noviembre en el Galpón de Guevara. Además, tengo algunos proyectos audiovisuales de cosas que escribí, pero está muy difícil conseguir financiamiento. Y para el año que viene voy a hacer una obra en el Cervantes, también como actor, que es de Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu. También se reestrenarán Pequeña Pamela de Mariana Chaud y otra temporada de Cotidiano Conurbano. Y por último, creo que voy a empezar a dirigir algo nuevo, pero ahora en lo que más pienso es en el Mundial y en las vacaciones.

Estás trabajando ahora con un grupo donde hay muchas mujeres, ¿cómo ves la presencia femenina en el medio en estos últimos años?
-Yo estuve rodeado de mujeres muy fuertes como María Oberstein, Vivi Tellas, Andrea Garrote, Valeria Lois, Lorena Vega, Romina Paula y Mariana Chaud. Feldman y Chaud son mis hermanos teatrales y de la vida. Hay algo como muy cercano con la mujer y nunca vi un lugar de debilidad. En lo personal no noto una diferencia, siempre me vinculé con mujeres de mucha impronta. La mujer y la presencia femenina,en lo artístico, es importantísima, es fundamental.

¿Cómo sos en tu rol de docente?
-Soy muy consciente de la responsabilidad que eso significa y con el correr de los años el rol del docente cambió mucho. Me parece muy positivo que se haya erradicado el concepto del profesor como deidad, esa manera de enseñar de: «lo que digo yo es». Con Matías tratamos de ponernos a la par del alumno, charlamos mucho con ellos y muchas veces nos vamos a tomar una cerveza después de las clases. Me parece fundamental aconsejarlos, frenarlos si es necesario e incentivarlos cuando los vemos muy pinchados. En la escuela tenemos un ciclo que se llama, El Potrero y está destinado a ser un espacio para que los estudiantes puedan “salir a la cancha” todas las semanas mostrando sus creaciones que son escenas que salen de las clases.

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