Entrevistas

Paola Traczuk: «Todos usamos universos personales al escribir»

Dos hermanas camioneras recorren las rutas guiadas por el fantasma de su padre es el disparador de la obra de Paola Traczuk que se presenta los lunes en el Centro Cultural 25 de Mayo de Villa Urquiza. Hablamos con la dramaturga para ver cómo fue la creación de este “road theatre”.

Por Damián Serviddio. Fotos de Consuelo Iturraspe

“600 caballos de fuerza” es una propuesta teatral que gira en torno al tema del original y la copia, y cruza el imaginario rutero con la mera representación. Planteando la acción como un viaje rutero en donde los personajes de Ana Celentano y Aldana Illán son guiadas por el fantasma de su padre a través de la Triple Frontera, estas dos hermanas roban una obra de arte que las empuja a vengar la muerte de su progenitor. Dirigida por Monina Bonelli, el elenco lo completan Ariel Pérez de María, Victor Labra, Emiliano Figueredo y Gervasio Usaj. Hablamos con su autora, Paola Traczuk, sobre los desafíos de adaptar un género tan cinematográfico al lenguaje escénico.

-¿Cómo fue el proceso de escritura y cuáles fueron los elementos y espacios creativos que usaste para escribir?
-Estudié en la EMAD en 2017/2018 y la obra en realidad empezó ahí, en el taller de Mauricio Kartun a partir de un ejercicio disparador y de una de las fotos con las que me reencontré cuando volví a la Argentina después de vivir muchos años en México. En la imagen estaba yo de chiquita, tendría unos cinco o seis años, al lado de un camión viejo porque mi papá era camionero. En otra foto estaba subida al capó vestida con un overol marroncito y esas imágenes me conmovieron, se me quedaron en el imaginario. A eso se le sumó una imagen que había visto millones de veces: el rinoceronte de Alberto Durero. Siempre me cautivó mucho mucho por su fuerza, por la potencia, por lo artístico y, en un punto, por cierta ternura. Empecé a generar una historia de ruta, de un camión, de unas pibas hermanas que heredan el camión del padre y salen a la ruta. Esa idea fue creciendo a medida que recibía las devoluciones de los compañeros, las devoluciones bastante amorosas Kartun. Por otro lado, mi mamá estudió artes plásticas y recuerdo que pintaba cajitas de cerámica como suvenires y no sé si algo ahí se me cruzó pero uní el mundo rutero con el mundo del arte. Y esas hermanas camioneras roban una obra de arte en la Triple Frontera y después no saben qué hacer con ella, ni cuánto vale, ni siquiera tienen idea de quién es Durero. La obra fue armada a partir de un universo personal pero la intención nunca fue hacer un biodrama, no porque tenga algo en contra de ese estilo, sino porque a mí me interesa mucho generar una maquinaria ficcional a pesar de tomar mucho universo personal. Indefectiblemente creo que todes usamos universos personales al escribir. Después vino una etapa de seguir el material en mucha soledad, pero lo fui compartiendo con gente que quiero y me gusta su mirada, su visión. Lo compartí con Mariano Saba, con Maruja Bustamante quien fue mi primera maestra de dramaturgia. Finalmente cuando vi el resultado vi que le había escrito una obra a mi viejo.

La obra se presenta los lunes en el CC 25 de Mayo.

-La road movie es un género muy destacado en el cine, ¿cómo lograste ese pasaje narrativo traspasándolo al teatro?
-Nos gusta decir que es una road theater, un invento que hicimos con esta obra rutera donde las pibas van pasando por diferentes espacios y tienen que resolver una serie de peripecias, sortear una serie de obstáculos. Era complicado escribir esto utilizando un lenguaje teatral y que no fuera meramente cinematográfico. Cuando escribo a mí me sirve dejar volar la imaginación, no me sirve pensar en el espacio escénico. No pienso en una sala en particular, no pienso una caja negra, no pienso en un espacio teatral, no lo pienso para un lugar determinado. Yo pienso en los espacios en donde la acción-ficción está sucediendo porque sino me cierra mucho. Después se verá cómo se resuelve. No quise ponerme en el lugar de pensar a priori cómo se resolvería escénicamente. Escribir para un determinado espacio te restringe ciertas cosas y te hace tomar ciertas decisiones a la hora de escribir porque sabes que lo tenés que montar en tal o cuál lugar. 600 caballos de fuerza es un poco una especie de homenaje, obviamente salvando las distancias y muy humilde, a películas como “Thelma y Louise”, “Profundo carmesí”, la saga de “Mad Max”. Siempre me fascinó mucho la aventura, cómo se llega de un punto a otro, cómo se resuelve o no un enigma, que a veces se hace todavía más grande y entonces te lleva a otro lugar. Para que la narración funcionara era importante encontrar una convención y esto fue una búsqueda, no salió así nomás. Encontré que el “espíritu caminero”, el espíritu del padre, al poder convivir con los dos mundos justamente me permitía narrar, contar un poco de contexto, adelantar algo de la historia, ubicar en tiempo y espacio… pero también incide en la acción dramática porque es parte de la misma.

-¿Qué lugar tiene la figura de Shakespeare en el concepto de venganza en la obra?
-En este caso el espíritu no es que se le aparece a las hijas y ellas lo ven, sino que el espíritu del padre las acompañe todo el tiempo, de principio a fin. Nunca me dije “voy a escribir una obra que tenga que ver con esto”, pero una vez escrita me di cuenta que había algo de “Hamlet”, de la venganza por la muerte del padre. El espíritu caminero está en la ruta y acompaña a las hijas todo el tiempo, tratando de ponerles señales, de atravesarlas en el camino y de llevarlas hacia un destino, clamando venganza. Ellas solo lo sienten y van siguiendo un destino que creen propio pero que después se dan cuenta que terminan repitiendo muchos de los errores de él.

-Para terminar, ¿qué significa el teatro en tu vida?
-Un montón, es pasado, presente y futuro. Soy de Sarandí y mi vieja desde chiquita me llevaba mucho al teatro, a escuchar recitales, a ver muestra de pintura y escultura. A los nueve años estudié en el IMEPA que es el Instituto Municipal de Educación por el Arte en Avellaneda y eso me re marcó. Tenía mucha disciplina y una veta artística muy marcada. Ya en México, después de la prepa, entré a un taller de teatro universitario y de repente descubrí que eso me gustaba mucho más y empecé a demandar más de mi compañeres. Hasta que me di cuenta que la que estaba fuera de foco era yo, porque todos los demás iban como un taller y para mí era una prioridad. Ahí dejé la carrera de Relaciones Internacionales y me puse a hacer teatro en la compañía universitaria de Guadalajara, después me fui al DF donde seguí haciendo teatro en el Instituto Nacional de las Artes. Todo esto fue como actriz, no como escritora. Cuando volví a Argentina me encontré con una gran necesidad de actuar pero no conocía a nadie. Ahí comencé a formarme como dramaturga y mi primera profe fue Maruja. Me di cuenta que me fascinaba escribir porque quería contar historias y que no necesariamente lo quería actuar, quería que le pusieran el cuerpo otros. El teatro ocupa un lugar muy importante, también como directora, como espectadora voy a ver mucho. El teatro hace que mi vida sea mucho más bella y libre.

“600 caballos de fuerza” se presenta los lunes a las 20.30 horas en el Centro Cultural 25 de Mayo, Av. Triunvirato 4444. Entradas por Alternativa Teatral.

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