Entrevistas

Andrés Neumann: «El teatro es un lugar para que la comunidad pueda expresar su locura sin que tenga consecuencias»

El productor y curador, ahora instalado en Buenos Aires, ha recorrido el mundo trabajando con algunos de los nombres más importantes del teatro del siglo XX, como Tadeusz Kantor o Peter Brook, entre muchos otros. Su visión actual de la actividad en Buenos Aires.

Texto: Sandra Commisso. Fotos: gentileza prensa.

Alguien dedicado al teatro durante décadas, codeándose con algunas de las figuras fundamentales del género como Tadeusz Kantor, Peter Brook, Ariane Mnouchkine o Darío Fo, entre muchos más, no podía pasar por alto Buenos Aires, una de las ciudades más teatrales del mundo.

Instalado acá desde hace dos años, Neumann, nació en Bolivia en 1943, hijo de una familia centroeuropea que huyó de la guerra, fue criado en Montevideo y desarrolló una carrera como productor y curador teatral en Europa. Fue en ese continente donde colaboró con artistas de renombre mundial, ligados al cine, el teatro y la danza, entre otras actividades, como Tadeusz Kantor, Peter Brook, Pina Bausch, Ariane Mnouchkine, Ingmar Bergman, Dario Fo, Vittorio Gassman, Marcello Mastroianni, Andrzej Wajda, Luca Ronconi, Robert Wilson, Salvador Tàvora, Eugenio Barba, Anatolij Vasiliev, The Living Theatre, Bread and Puppet, entre otras figuras y compañías.

Fue en Florencia donde Neumann fundó, en 1978, su propia empresa distribuidora de espectáculos que recorrieron festivales, teatros y centros culturales de muchas ciudades del mundo. Fue Neumann quien distribuyó La clase muerta, de Kantor, en varios países, además de presentar Wielopole Wielopole en la Temporada Internacional de 1984 del Teatro San Martín, la primera visita del director polaco a Buenos Aires.

Por su actividad, Neumann recibió varios premios en Italia y fue distinguido por el Ministerio de Cultura de Francia con la Orden de las Artes y las Letras en 2014. Y gracias a su profuso archivo personal y profesional, que incluye libros, afiches y videos de cientos de trabajos de las artes escénicas alrededor del mundo, se creó el Fondo Andrés Neumann con el apoyo de la Università degli Studi di Firenze. El material se encuentra en en Il Funaro Centro Culturale, en Pistoia, Italia y lo componen unas 60 mil piezas entre fotos, reseñas, planos escenográficos, programas, folletos y mucho más.

La imagen actual no tiene texto alternativo. El nombre del archivo es: andres-y-peter-brook.jpg

Entusiasmado por la cantidad de oferta teatral que tiene Buenos Aires, Neumann se explaya sobre distintos temas. «El teatro es una experiencia y en eso es distinto a cualquier otra cosa», asegura de entrada. «Ir al cine podría ser considerado una experiencia también pero si lo comparamos sería como tener sexo de modo virtual mientras que el teatro es real. Además, hoy se pueden ver películas, mediante las plataformas, en tu casa. Con el teatro eso es imposible. Porque el teatro está ocurriendo junto contigo y no podría ocurrir sin ti, no existe un espectáculo sin espectadores».

-En ese sentido, la experiencia teatral es absolutamente compartida en el aquí y ahora.
-Sí, el teatro necesita del ojo del espectador, de su cuerpo y eso no puede ser virtual. El espectador también pone el cuerpo, igual que quienes están el escenario. Y el espectador, aunque parezca que no está haciendo nada, también está activo. Esa es la gran experiencia teatral.

Eso es lo que hace tan especial y atemporal al teatro.
-Así es pero aunque parezca obvio, es algo que se dice muy poco. No está de más recordarlo.

De todas las figuras tan importantes del teatro del siglo XX con las que has trabajado, ¿cuál fue la personalidad que más te impactó?
-Es bastante difícil porque todos son pesos pesado pero si tengo que decir uno, creo que Tadeus Kantor, porque me recordaba un poco a mi papá. Kantor era muy loco, muy magnético, muy fascinante y muy insoportable también. Y por el momento de mi vida en que lo conocí, yo tendría 30 años, lo vi como un ser de otro planeta y a la vez, muy familiar. Su manera de ver las cosas era muy sorprendente. Su espectáculo La clase muerta (1975), para mí fue como una revelación, muestra un paradigma de la condición humana de un modo muy profundo.

-¿Ese encuentro marcó un momento bisagra en tu vida profesional?
-Creo que sí. Esos momentos son como portales, una palabra que está muy de moda ahora, que te abren visiones completamente nuevas al teatro y a la vida en general.

Previo a todos estos encuentros, ¿Cuál fue tu primera experiencia con el teatro?
-Fue de una manera bastante ridícula. Yo tendría 17 años y estaba de novio con una chica que tenía 14, en Montevideo y ella era parte de un elenco teatral muy amateur, casi escolar, que hacía teatro en francés. Algo muy acotado, digamos. Yo en general la iba a buscar al ensayo y si llegaba más temprano, me quedaba viendo los ensayos. Y un día el profesor, francés, me dijo que ya que estaba ahí que me sumara a participar. Pero yo no sabía nada de francés ni de teatro. Entonces él me dio un grabador que usaba para los efectos de sonidos que yo tenía que hacer funcionar cuando se abriera una puerta. Era simplemente apretar una tecla. Y me atrapó.

Qué impresionante como, de algo tan casual, surgió toda una carrera dedicada a esto.
-Fue un inicio casi marginal, la verdad. Después con esa chica me casé, fue mi primera esposa y durante los diez años siguientes me volví muy activo como sonidista del teatro independiente, incluso gané varios premios en el rubro.

Con tu experiencia en la actividad teatral en distintos países, ¿qué es lo caracteriza al teatro argentino?
-Hay algunos datos muy objetivos: primero la cantidad de gente involucrada en la actividad perfomática, incluyendo la danza, solo en la ciudad de Buenos Aires, en proporción es infinitamente mayor que en otras ciudades del mundo. La oferta de espectáculos que hay por fin de semana no existe en otros países. Cada año hay como 1200 estrenos, lo cual se hace imposible de ver. Pero es increíble que suceda eso y me despierta mucho cariño la cantidad de gente dedicada a hacer obras. Ni siquiera importa mucho la calidad porque no son todas obras que van a revolucionar el lenguaje teatral de los próximos años pero sí hay una pasión, dedicación, un compromiso. Y esa creatividad y sobre todo la seriedad con que se hace todo eso, es algo hermoso.

Claro, de las 200 y pico de obra que hay en cartelera se puede encontrar de todo y lo maravilloso es esa búsqueda. Porque de tanto semillero siempre habrá algo interesante para ver.
-Tal cual. Eso lo asocio al mundo del tango y la milonga que también sucede de manera parecida en esta ciudad y que no pasa en otras ciudades. Y otra caracteristica muy notable es que aquí en general quien escribe también dirige y actúa y eso tampoco sucede en otros países.

-¿Es como una marca de identidad del teatro local?
-Si, lo hace más autorreferencial. Yo encuentro que en este momento, el teatro argentino está más autorreferencial que en otros momentos. Incluso hay datos curiosos como el hecho de que la compañía teatral más reconocida en el mundo hoy en día es la compañía Peeping Tom, en Bélgica y la directora, Gabriela Carrizo, es argentina. Pero aquí casi nadie lo sabe. Lo mismo que con otra argentina, la coreógrafa Constanza Macras, También me llama la atención que, el que considero el mejor espectáculo en cartelera actualmente, Gaviota, dirigida por Guillermo Cacace y que recorrió el mundo, se conozca muy poco. Son como los Messi del teatro pero poca gente los conoce. No entiendo porqué pasa eso.

-Tal vez porque aún hay una cantidad de público latente que tiene mucho por descubrir del teatro en su propia ciudad. ¿Habrá que ir a buscar a ese público?
-Es posible. Pero también creo que, el hecho de que haya tanta investigación viva, tanta creatividad, cambia el clima de la ciudad, cambia la mente de la gente aunque no vaya nunca al teatro. Como el Colón, tenerlo ahí, solo el hecho de que esté presente, de que exista, cambia la vibración en la ciudad.

En este mundo actual, con tanta intolerancia, irritación, ideas extremas, ¿qué rol cumple el teatro?
-Creo que hay una explicación. ¿Por qué hay un teatro en cada pueblo de casi todas las ciudades en cualquier país? ¿Por qué la comunidad le dio tanta importancia al teatro? ¿Por qué en cualquier plaza hay un ayuntamiento, una iglesia, los bomberos, una escuela y un teatro?. Porque el teatro es un lugar para que la comunidad pueda expresar su locura sin que tenga consecuencias. En ese ámbito se puede matar, traicionar, y no hace daño. Pero el problema es que hoy vivimos en un mundo en el que quienes hacen teatro son los políticos. Y eso sí es peligroso. Desde los griegos hasta hoy, cuando hay un lugar donde la locura está controlada, hay esperanza. Cuando la locura la hacen los políticos, ahi se vuelve peligroso.

Esa famosa catarsis del que hablaban los griegos, la necesidad de poner ahí, en ese espacio escénico, lo que no se puede poner afuera.
-Así es y en ese sentido, la Argentina es muy sana porque, a pesar de que tiene políticos locos, todavía tiene el teatro. Y mucho. Acá el teatro está vivo. Y Argentina es el único país que tiene reconocimiento universitario para la actividad teatral, la actuación, eso también cambia la cosa.

Y por eso lo atacan tanto. Porque ahí se va a hacer catarsis y a juntarse y a pensar.
-Claro, el teatro, además, relativiza el punto de vista. Cuando un bebé nace, ¿con qué se encuentra? Con una compañía teatral, que es la familia. Creo que pensarlo así puede ser muy útil para comprender algunas cosas, para perdonar, aceptar el rol que a uno le toca en esa comedia o en esa tragedia.

¿Hay alguna tendencia estética o de vanguardia que esté surgiendo hoy en el teatro?
-Creo que el desafío es todo ese mundo de la inteligencia artificial. Cómo no sucumbir a esa idea loca de la sustitución del robot por el ser humano. Es muy intrigante y todavía no sabemos hacia dónde va a ir. Creo que el mundo de la marioneta, en cuanto a investigación, va a ser algo para estar atento. Yo les digo a los jóvenes, hagan teatro porque eso es algo que la inteligencia artificial no va a poder sustituir.

En este mundo invadido por pantallas en donde nunca se está seguro qué es verdad o no, qué es real o no, el teatro sale de ese molde, ahí va a estar lo real.
-En ese sentido, hay muchos mundos profesionales que probablemente serán reemplazados pero con el teatro eso no sucede. El teatro es el gran maestro de estar atento a cosas sutiles. Como sucede en la vida, cuando en una pareja uno le dice al otro, no me estás escuchando, no me prestás atención, es en realidad una escena teatral. El teatro tiene mucho que enseñar para la vida, a todos.

-¿Qué habría que tener en cuenta como espectador para disfrutar más de una obra teatral?
-Peter Brook decía, cuando salgas del teatro no te preguntes si te gustó o no: preguntate si lo que viste fue útil, inútil o dañiño. Dañino, casi nunca; inútil, muchas veces. Útil, algunas. Es como una comida: si vas a un restaurante, ¿cómo salís?, ¿satisfecho o pesado?. No podés salir del teatro peor de como entraste. Creo que el discernimiento es ese.

Andrés Neumann dictará, desde el 26 de abril, un ciclo denominado «El arte de actuar y el arte d ser» en la plataforma Talleres de Bolsillo. https://www.talleresdebolsillo.com/talleres/944/el-arte-de-actuar-y-el-arte-de-ser

Además, el archivo de Neumann se encuentra digitalizado y puede consultarse a través de http://www.archivioteatraleandresneumann.org. Para más info sobre las actividades del productor: http://www.andresneumann.com

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