La actiz protagoniza, junto a Manuel Callau, la obra «Sueño de dos», que indaga en la razón de ser del teatro y en el oficio del actor.
Por Diego Jemio. Fotos: Prensa «Sueño de dos».
Una compañía de teatro venida a menos se queda con sólo dos integrantes. Una actriz de larga trayectoria y militancia. Y un apuntador timorato siempre a la sombra. Con esos ingredientes, se construye Sueño de dos, escrita por Mariano Saba y protagonizada por Manuel Callau e Ingrid Pelicori.

La obra, dirigida por Daniel Casablanca, es una preciosa alegoría sobre el teatro y una carta de amor al oficio del actor, principalmente en tiempos de incertidumbre. Pelicori recuerda los inicios del proyecto junto al querido Raúl Serrano, habla del clima de nostalgia que rodea a la obra y las preguntas que surgen sobre la actividad teatral.
–Tu personaje de Olga habla de una compañía icónica en el mundo del teatro. Vos formaste parte de “Teatro Abierto”. ¿De qué forma te toca de cerca esta historia?
-Quizá lo hace desde el lugar de la resistencia y de la pasión; ese seguir adelante que nos pasa a todos los que sobrevivimos en esta actividad. Mucho lo hacemos a fuerza del deseo, de la perseverancia y de una necesidad profunda. Hay una diferencia: el personaje en un momento se retira y yo no lo hice. De hecho, la obra surgió a partir de nosotros y de encuentros con Raúl Serrano, con quien íbamos a hacerla. Después la escribió Mariano Saba articulando con gran talento cosas que surgieron en esas charlas.

–¿Cómo fueron esas conversaciones iniciales? Supongo que allí estaban los temas centrales de esta obra…
-Eran ideas que surgen principalmente de preguntarnos por la función del teatro y la relación del teatro con la sociedad. Es nuestra historia, la de Teatro Abierto y Teatro por la Identidad. Los que hacemos teatro creemos que es importante y que cumple una función noble en la sociedad. Siempre está la nostalgia de una función más específica e inmediata. Aparecieron también los grupos, las maneras de organizarse y la posibilidad -o no- de una horizontalidad. Además de esas preguntas, nos interesaba que la obra tuviera humor. Mariano logró esa aproximación a los temas con humor, sensibilidad y pensamiento. Así apareció la historia del apuntador tímido y enamorado y la actriz.
–También aparece la cuestión de la comedia ligera versus otro teatro más “comprometido”. Pensé en eso al ir a ver la obra. La oferta de comedia es amplísima comparando con otras alternativas.
-Bueno, pero es algo del teatro comercial. Se instaló una idea de que el público, si paga una entrada cara, quiere asegurarse la risa. Pero en el teatro independiente eso no pasa. Hay de todo para todos los gustos.

Antes mencionabas a la nostalgia por aquel otro teatro y es algo que aparece en la obra. ¿Tenés ese sentimiento?
-A mí me tocó participar de Teatro Abierto y me queda un poco esa nostalgia. Son momentos en los que el teatro entra en comunicación directa con las demandas sociales. Siempre quiero que valga la pena lo que estoy haciendo. Quizá esos modos de valer la pena fueron cambiando y no son tan directos.
Sueño de dos se puede ver los martes, a las 20, en la Sala Pablo Picasso del Paseo la Plaza (Avenida Corrientes 1660). Entradas en la boletería o a través de la web del teatro. Pelicori también está haciendo funciones de Cae la noche tropical y el 14 de marzo reestrena Yo, Fedra.
