La actriz, directora y autora actúa junto a Cristina Maresca en «El cuerpo anímico», donde basada en su propia historia, habla del vínculo entre una madre, con una enfermedad terminal, y su hija. Se puede ver en El Extranjero.
Texto: Sandra Commisso. Fotos: Prensa.
La relación madre/hija es de las más complejas, según aseguran desde la psicología. Si a ese vínculo le sumamos el hecho de que la hija acompaña a su madre en el transcurso de una enfermedad grave, durante ocho años, el resultado ese camino resulta mucho más profundo y movilizante aún. En El cuerpo anímico, Mariela Asensio se sumerge en esa travesía dolorosa, profunda pero también muy amorosa como la hija que vive el día a día de su mamá y su enfermedad. Asensio escribió la obra, que dirige Paola Luttini en El Extranjero, y actúa junto a Cristina Maresca, formando una dupla entrañable. La obra conmueve especialmente ya que la mamá de Asensio murió en mayo pasado, sin poder ver la obra que escribió su hija y que, de alguna manera, se completa como homenaje a ella.

–El cuerpo anímico se centra en el acompañamiento de una hija a su madre durante su enfermedad. ¿Cuándo surgió en vos la idea de hablar sobre eso? ¿Hubo un clic que te generó el primer paso para contar esta historia?
-El año pasado comencé a registrar por escrito algunas preguntas, emociones, reflexiones y sensaciones que iba teniendo en el proceso de acompañar a mamá. Sobre todo el último año porque fue el más difícil. Es decir, fue el año en el que más sufrió. Ese hecho puntual me generó muchísima perplejidad y necesité escribir. A medida que pasada el tiempo, también registré algunas situaciones y conversaciones. Un día me di cuenta que había un obra en potencia. le comenté a mi mamá esto, y fue ahí donde empecé a darle forma de dramaturgia.
-En una sociedad donde el culto al cuerpo, el supuesto bienestar y la productividad están endiosados, la obra propone mostrar esa otra cara en donde la enfermedad y sus consecuencias ocupan la vida cotidiana. ¿Cómo fue el proceso para hablar sobre algo que aparentemente nadie quiere hablar?
-Es un tema sobre el que vengo pensando hace tiempo. Más allá del hecho puntual de la enfermedad, me inquieta demasiado el culto a lo ilimitado. sobre todo porque somos puro límite. Lo humano tiene fecha de vencimiento. Sin embargo, todo tiende a negar ese aspecto de la existencia. Todo tiende hacia la máquina pero nosotros no somos máquinas. Pareciera que ser persona ha quedado obsoleto. Por eso me interesa problematizar esa lógica porque atenta contra todo lo que nos vuelve personas empáticas.

-A pesar del dolor, en la obra hay mucho sentido del humor y una visión amorosa del vínculo entre madre e hija en un momento tan especial. ¿Fue un mecanismo adrede para hacer más cercano el material evitando el drama directo?
-En realidad todo dolor esconde humor. El humor habita en todas partes. no tengo un solo recuerdo con mamá que no haya terminado en risas. Las personas tenemos esa enorme capacidad: la de reírnos hasta de la muerte.
-Decís que hacer la obra te resulta sanador a pesar de estar hablando sobre algo que te afectó profundamente como es la enfermedad y la muerte de tu madre. ¿Ese es el efecto natural del teatro? ¿Siempre lo pensaste así, como un ritual catártico?
-A mí me duele el silencio. Negar las cosas me duele. Poder nombrarlas y transformarlas en algo que trasciende me parece luminoso. Yo sé hacer teatro, es lo que hago desde que me acuerdo que existo. La creación para mi es como respirar. Quizá es la forma en la que puedo duelar.

-¿Cómo fue la elección de Cristina Maresca para el rol de la madre? ¿Cómo fue la primera vez que ensayaron juntas y cómo siguió después el vínculo en el escenario y fuera de él?
-Ella es la mamá que me regaló el teatro. Ella dice que yo soy la hija que le regaló el teatro. Nos unimos muchísimo, nos queremos muchísimo. Es como si la obra nos hubiese conectado de un modo muy profundo para siempre. Cada vez que nos vemos para hacer función nos abrazamos y recordamos lo afortunadas que somos por esto que tenemos juntas. Con Paola, la directora, siempre pensamos en ella para el rol. Fue nuestro plan A.
-Solés dirigir tus propios textos pero en este caso delegaste el rol en Paola Luttini. ¿Tuvo que ver con que se trata de un material especialmente sensible? Por otra parte, Imagino que armar un equipo enteramente femenino tampoco fue casual. ¿Es así?
-Nunca dirijo una obra que actúo. Como directora no me gusta perder sentido de la totalidad y como actriz necesito desligarme de la totalidad. Siempre supe que en esta obra quería actuar y Pao siempre fue la opción que imaginé para dirigir. Ella tiene una sensibilidad especial para dirigir mis textos, y además es muy talentosa. En cuanto al equipo también hay hombres, nuestro asistente de dirección por ejemplo. Y en el detrás de escena también. Lo que ocurre es que las mujeres somos más visibles para el afuera por los roles que ocupamos en el proyecto. Pero puertas adentro somos un equipo mixto.
El cuerpo anímico tiene funciones los jueves a las 20.30 en El Extranjero, Valentín Gómez 3378. Entradas por Alternativa Teatral.
