Una de las obras más destacadas del dramaturgo Tennessee Williams volvió a escena. Esta vez en una versión de Mauricio Kartun, con muy buenas actuaciones que encarnan la tragedia cotidiana. Se puede ver los martes en El Picadero.
Texto: Sandra Commisso. Fotos: gentileza prensa.
Tennessee Williams no falla. O no debería hacerlo porque el autor estadounidense, uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX, sabe ahondar en esas pequeñas miserias humanas que transforman las vidas comunes en auténticas tragedias. Y así sucede con El zoo de cristal en versión del maestro Mauricio Kartun que se presenta en El Picadero. Fiel a la original, aprovechando ese micromundo hogareño en el que conviven Amanda, una madre dominante, su hija Laura y su hijo Tom. Laura refugiada en su pequeño zoológico de animalitos de cristal para no pensar en su discapacidad y en su abrumadora timidez y Tom, que sueña con el momento justo para pegar el portazo.

«Fui muy respetuoso con ese texto que siempre me ha deslumbrado. Actualicé algunas convenciones que me parecían menos contemporáneas y mantuve todo lo demás rigurosamente», dice Kartun. «El trabajo más arduo ahí es el que no se ve. Porque está hecho justamente para eso. La complicación que tenemos en Argentina y Uruguay con nuestro voseo es que todo texto que hable de «tu» suena afectado. Y todo texto que hable de «vos», con voseo, se acriolla, se vuelve inevitablemente costumbrista».
Entonces, según explica el autor y director el desafío fue, al igual que con otras obras previas, «darle a los diálogos un español neutro que esquive en cada parlamento tanto un tratamiento como el otro. Es un ejercicio de equilibrio medio circense que obliga a buscar continuamente alternativas de traducción. Un laburito que solo está logrado si ningún espectador se da cuenta».

Y así es cómo sucede en el escenario del Picadero, con una representación que trae ante el público local, un mundo familiar del sur de los Estados Unidos, en la década de 1940, con sus nombres y sus referencias tal como las creó el autor, gran conocedor y crítico de su entorno social. Como suele suceder en las obras de Williams, es la llegada de un extraño lo que resquebraja y desmorona el entramado familiar. En este caso, Jim, antiguo e idealizado amor de la secundaria de Laura y actual compañero de trabajo de Tom, el que involuntariamente entrará a la casa y ya nada será igual.
El elenco local hace honor al clásico con grandes actuaciones. Ingrid Pelicori es esa madre apabullante que sobreprotege a la hija hasta la asfixia. Malena Figó y Agustín Rittano son los hijos que hacen lo que pueden con un horizonte nulo en sus vidas y, Martín Urbaneja completa el cuarteto como Jim, el hombre que trae un soplo de aire fresco pero que terminará siendo un tsunami para esa familia. La dirección es de Gustavo Pardi, también respetando esa mirada clásica sobre los personajes, y aprovechando muy bien los juegos de luces y sombras que propone la historia.

Kartun cuenta que el proyecto lo tiene entre manos hace tiempo. «La obra me la consignó hace años el Complejo Teatral de Buenos Aires para ser estrenada en el Teatro Regio, con dirección de Alicia Zanca. Acepté aquel encargo porque soy fana de la pieza. La he trabajado en clases durante décadas. Tiene una composición de personajes notable. Y un universo aludido, monumental», Finalmente se pudo concretar ahora, con producción de Alejandra García.
«Sin salir de esa sala ves el mundo», destaca Kartun sobre ese hogar representando en escena y habitado por eses seres tan vulnerables. «Como pasa con cualquier clásico, la obra le permite a cualquier nuevo espectador proyectar en ella sus propias imágenes. Tiene además una natural incorrección, tan Williams, y una mitología tan poderosa que, más allá de la época, podría haber sido escrita hoy».
