El actor es uno de los protagonistas de «El amor es un bien», de Francisco Lumerman, que está en su novena temporada. Las claves de una obra que moviliza y su oficio de escenógrafo.
Por Diego Jemio. Fotos: Gentileza prensa.
A partir de Tío Vania, de Chejov, El amor es un bien construye una historia ambientada en la desolación de Carmen de Patagones. Un hotel con un único huésped, una visita que lo cambia todo y las canciones son los ingredientes de un espectáculo hecho de atmósferas, que cosecha fanáticos en el off.
La obra, con dramaturgia y dirección de Francisco Lumerman, está en su novena temporada. José Escobar, uno de los actores históricos de la obra, cuenta qué significó este trabajo en su vida y cómo fue reencontrarse con el material para su reestreno.
–Hace un año que no hacían la obra. ¿Qué te pasó cuando volviste a leer el material?
-Este año, salieron tres funciones en Mendoza un fin de semana. Ahí fue cuando volvimos al material. En lo personal, pensé: “Cómo pasó el tiempo…” Lo digo desde la madurez de estar más grande y de cómo los temas te tocan desde otro lugar. Cuando terminé el ensayo, le dije a “Pancho” (Lumerman): “La pasé mal”. Fue fuerte transitar esos momentos de soledad del personaje del tío Iván.

–¿Y cuál la devolución de Lumerman?
-Me dijo que estaba más permeable, más susceptible quizás…
–¿Qué significó esta obra en tu vida? La gente queda muy conmovida después de verla.
-El personaje fue un regalo. Manu Amosa y yo somos los únicos que la venimos haciendo desde la primera función. Desde un principio fue fuerte lo que pasó con el público y lo que nos pasaba con la respuesta del público. Hay algo en Iván que da la impresión de que no pasará nada; luego explota y se queda con esa angustia ahí. En el último monólogo, por ejemplo, yo miro a público y es algo breve. La gente se queda atrapada; tanto que a veces no había aplausos. O termina la obra y yo sigo tomado en el saludo final.

–Supongo que habrá aportes también desde lo actoral en ese perdurar…
-Sí, me dio muchas herramientas. Al personaje no lo crea uno sino tus compañeros desde su mirada y sus vínculos. Si no está el resto, el personaje no existe.
–Además de actor, sos escenógrafo. ¿Qué le aporta ese oficio a tu yo actor? Lo pregunto por la consciencia plena del proceso creativo y dramatúrgico que estás obligado a tener.
-Había algo de la construcción de lo escenográfico desde mi niñez. Cuando daba clases para niños, armaba un dispositivo con cartón dibujado para que ellos pudieran jugar y actuar. Creo que veo al espacio desde el actor. Hay algo del juego que yo propongo desde mi mirada. Me pregunto por dónde me gustaría ir en una obra y cómo debería ser el dispositivo. Hay un personaje que habita ese lugar y lo construyo desde ahí. Lo construyo desde la estética del personaje. Hay directores que se bancan que los dispositivos se vayan construyendo mientras avanza la obra. Eso es un juego de niños. Otro no lo permiten. Me gusta más, desde lo creativo, estar ahí inventando un dispositivo que pueda ayudar a construir ese relato.

–Imagino que hacer mucho es otra gran ayuda.
-El año pasado me llamaron de unas diez obras como escenógrafo. Voy a los ensayos todo el tiempo y me la paso compartiendo con los directores. Me ayuda mucho ver, conocer actores, ver cómo dirigen los más jóvenes y los consagrados.
El amor es un bien, con la actuación de Manuela Amosa, José Escobar, Jorge Fernández Román, Ignacio Gracia y Julieta Timossi, se puede ver los domingos, a las 20, en Moscú Teatro (Juan Ramírez de Velasco 535). Entradas en la boletería del teatro o a través de este link.
