La actriz forma parte del elenco de «Pasta de estrellas» junto a Soledad Silveyra, en el Paseo La Plaza, donde se luce con un personaje muy peculiar. El humor y las claves para crear a sus personajes.
Texto: Muriel Mahdjoubian. Fotos: Gentileza prensa.
“Desde que tengo uso de razón, quería ser actriz. Y mi madre me decía: mirá que eso también se estudia. En Rosario, yo iba a un club en donde había clases de teatro y a mis 15 años entré a estudiar y no salí más de ese mundo” , cuenta la actriz Noralih Gago protagonista junto a Soledad Silveyra y Maria Merlino de Pasta de estrellas, la obra escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Ciro Zorzoli.
Pasta de estrellas es un homenaje al universo de la telenovela clásica con mucho humor y un notable texto de Demaría, con su habitual rima. Noralih despliega toda su capacidad como comediante, con un personaje bastante complejo, con una vuelta de tuerca sorprendente hacia el final y a su vez demuestra su gran experiencia en el mundo del cabaret.

–¿Cómo fue el proceso de ensayos?
-Fueron dos meses de ensayos muy intensos con una frecuencia de seis días a la semana entre cinco y seis horas. Nos divertimos y nos angustiamos mucho, porque alguno de esos dos condimentos tienen los procesos creativos. Yo no conocía a nadie del equipo, era la primera vez que trabajaba con todos y la verdad fue maravilloso. Además, hacía mucho tiempo que tenía ganas de trabajar con Ciro Zorzoli. Me encanta su manera, tiene una forma en la que te da mucha libertad y eso es bárbaro. Pero, por momentos, angustia un poco, porque uno se la pasa buscando libertad, pero cuando la tiene no sabe qué hacer. Durante el proceso pase por distintos estados como vergüenza, pudor y miedo. Fueron ensayos muy intensos y eso es lo que nos permitió empezar a jugar y desprejuiciarnos. A mí me pasa que, cuando comienzo a leer una obra, enseguida quiero ubicar todo y después te encontrás con un equipo en dónde cada uno tiene su idea, y de todo eso uno se nutre y es maravilloso.
–Hablame de tu personaje.
-Es un personaje que me costó mucho. Cuando leí la obra me fascinó y pensé que me iba a ser fácil encontrar las herramientas necesarias y no me resultó así. Tiene su dificultad porque es un personaje que la gente termina descubriendo quién es verdaderamente, ya que tiene una particularidad que yo no había trabajado nunca y no quería caer en juzgar a ese tipo de personajes.

–¿Cómo creás tus personajes?
-Depende, si es un personaje que voy a crear yo, y es de mi autoría lo primero es conocerlo. Entiendo de qué quiere hablar, cómo se comporta, cómo se viste, para mí el calzado, por ejemplo, es fundamental en todos los personajes.
-¿Por qué el calzado?
-Porque siento que me transporta a otra cosa cada calzado. Ahora estoy con unos tacos que son de 15 centímetros aproximadamente, casi vertiginosos. Es como si me aportara el alma del personaje. Tengo tres cosas que son muy importantes para crear mis personajes: el calzado, la risa y el perfume. Son cosas que me empoderan en cada personaje. La risa, no importa si el público la escucha o no, pero a mí me da la personalidad saber cómo se ríe. Y también está todo lo otro, indagar en el material, leer sobre la temática de lo que esté representando, escuchar música de la época, diálogos de cómo hablaban en ese momento, en el caso que sea de una época. Y después entregarme mucho a la dirección y a mis compañeros.
–Qué curioso lo del perfume de cada personaje, ¿cómo los elegís?
-Tengo algunos perfumes para la vida y otros para los personajes. Concha del Río, uno de mis más famosos personajes, por ejemplo usa uno de Carolina Herrera, que yo no uso. Para mí es olerlo y ya soy Concha del Río. Ahora en Pasta de estrellas, uso uno nacional de María Cher. Yo voy a la perfumería cuando estoy muy cerca del estreno, uno o dos días antes, y ahí empiezo a probar perfumes y elijo. Con el perfume ya elegido es como si fuera la bendición para estrenar.

–Contame de la experiencia con Ciro como director, ya que querías trabajar con él.
-Estoy muy contenta, fascinada y divertida. El trabajo que hicimos con Ciro fue muy diferente a todas las formas en las que yo había trabajado antes. Por suerte, me pude adaptar porque al principio no me fue nada fácil, no entendía bien, estábamos todos iguales, y después me fui entregando y todo fluyó. Además él es genial porque te da libertad. El no viene con una idea cerrada de lo que quiere poner, lo va descubriendo con el material y así fuimos haciéndolo todos. En mis experiencias anteriores yo siempre tuve que llegar al ensayo con letra sabida y acá pidió que no fuéramos con la letra sabida. Tiene un por qué, y él nos decía que se tarda mucho menos en aprender una letra que quitarle al actor la idea que se formó cuando la estudió y romper con eso.
–¿Cómo es la experiencia de trabajar con Soledad Silveyra?
-Trabajar con Solita es un privilegio, ella no solo es un ícono, sino que es una gran actriz y con una experiencia vastísima. Cuando me convocaron y supe que estaba ella, me puse muy contenta. Es una mujer que admiro y vi en muchos proyectos. Antes de empezar a estudiar teatro, cuando yo vivía en Rosario la fui a ver a una obra de Jacobo Langsner y quedé fascinada y de hecho, cuando empecé a estudiar teatro, una vez que había que proponer una escena, yo hice la de esa obra porque me había impactado muchísimo su trabajo.

–El humor parece fundamental en tus personajes, ¿qué rol le das?
-Creo que hay algo innato en el humor, pero sí creo mucho también en el humor de situación, vos estás viendo un espectáculo o una escena que te está causando gracia, pero no necesariamente el actor tiene que ser cómico. Yo me formé con Berta Goldenberg, una maestra clásica y estuve muchos años con ella. Y además, tuve la oportunidad de trabajar desde muy chica con Edda Díaz, gran actriz argentina, cómica y autogestora de los años 90. Ella creaba sus propios espectáculos y personajes y tuve la suerte de debutar profesionalmente con ella. Para mí verla fue una escuela muy importante con respecto al humor.
–¿Y como dramaturga buscás escribir con la intención de que haya humor?
-Es que no escribo yo, lo hago desde el personaje que estoy haciendo. Primero tengo el personaje y luego hago que se exprese. Yo no sé sentarme frente a la computadora y escribir. Yo primero tengo el personaje y se expresa, y la situaciones son graciosas porque están ligadas siempre a la frustración y eso causa gracia, por lo general los que más causan gracia son los perdedores.
Pasta de estrellas, de Gonzalo Demaría. Dirección: Ciro Zorzoli. Elenco: Soledad Silveyra, María Merlino, Noralih Gago, Sergio Mayorquín y Emiliano Pandelo. Sala: Paseo La Plaza. Funciones: los jueves, a las 20.15; los viernes y sábados, a las 19.30; los domingos, a las 19. Duración: 75 minutos.
