Entrevistas

Carolina Tejeda: «Ahora soy más consciente de lo poderoso que es el deseo de la actuación»

La actriz reflexiona sobre su trabajo en el Teatro San Martín con Leonor Manso e Ingrid Pelicori, su rol en “La princesa rusa” y el laboratorio creativo Boca de Gallo, que lleva adelante con Ignacio Rodríguez de Anca.

Por Marcos Mutuverría. Fotos: Gentileza prensa.

En un encuentro íntimo en su camarín del Teatro San Martín, Tejeda reflexionó junto a Todo Teatro sobre su carrera artística, el efecto de la pandemia en su reconversión del deseo por las formas creativas, los diferentes escenarios transitados en su carrera y el trabajo individual y colectivo que transcurre en el escenario. La nota se realizó el día en que Cae la noche tropical cumplía 100 funciones en el Teatro San Martín del Complejo Teatral de Buenos Aires. En ese espectáculo, Tejeda caracteriza a la vecina de los encantadores personajes que encarnan Leonor Manso e Ingrid Pelicori en la exitosa versión escénica de Santiago Loza y Pablo Messiez de la novela de Manuel Puig, dirigida en esta temporada por Leonor Manso.

Proyecto Frontera de Boca de Gallo.

Sus comienzos se remontan a la adolescencia y al colegio. Explica: “Era adolescente, vivía en Banfield y fui a la Casa de Cultura para anotarme en Música, y no había opción, pero sí había Teatro. Me anoté sin tener idea. Fui con mi amiga Marisol, ella duró una semana y yo aluciné”. Con el paso del tiempo su vocación siguió adquiriendo destrezas en la Escuela Nacional de Arte Dramático y posteriormente en el conservatorio. “La actuación para mí fue un descubrimiento. Y fue algo que se abrió en mí y me gustó. Después fui transitando otros lugares y oficios que ahora, con el tiempo, creo que alimentó procesos de creación de materiales propios”, rememora la actriz.

¿Cómo transitás los procesos creativos en general?
Creo que es un espacio que disfruto un montón. En general en los espacios donde hay poco tiempo, uno apela a lo que ya sabe. Pero en los procesos es lindo perderse en otra cosa. Hubo procesos muy queridos. Recuerdo que tuvimos un grupo de humor entre amigos –Los bocatto di cardinale– que fue un espacio de exploración muy gratificante. También mi participación en Mujeres en el baño de Mariela Asensio (obra con la que obtuvo la nominación al Premio ACE como Mejor Actriz de espectáculo alternativo), en un momento epocal diferente al de ahora. El otro día fui a ver la nueva versión y pensaba en todo eso. Para mí ese espacio fue hermoso como proceso y como ampliación de la mirada creativa. Harina fue una experiencia flashera que armamos con Román Podolski, que representó un devenir de cosas inesperadas de muchos viajes, de poder hacerla en diferentes lugares. Ahí descubrí que salir de CABA implica generar habilidades nuevas para adecuarse a otros circuitos muy disímiles. 

¿Cómo llegó la propuesta para formar parte de “Cae la noche tropical” en esta nueva temporada?
Para mí es nuevo estar en este escenario. Vi tantas cosas en el Teatro San Martín que ahora pisar el escenario me emociona. Fue un proceso muy corto incorporarme a la obra. Siento que trabajar con Leonor e Ingrid es como hacer un gol en la cancha de Boca. Lo que pasa con ellas es muy poderoso. A la vez, es una obra muy popular y me encanta que suceda eso. Hay una diversidad de edades de gente que viene a ver la obra. El otro día vino alguien con sus hijos y su madre a verla, y ahí vi eso, es una obra que trasciende edades. Mis escenas son con Leonor y ella es muy cálida como compañera de trabajo. 

En «Cae la noche tropical» comparte escenario con Leonor Manso e Ingrid Pelicori.

Se anuncia que en la obra la vejez es vivida como “la edad épica por excelencia” ¿Qué te pasa con esos personajes que transitan sus últimos años de vida con tanta energía?
Me gusta pensar que esas señoras se emancipen en su entorno y una época particular (los 80 en el imaginario de Manuel Puig). Hay un flujo de agua de esas mujeres que se une a un río donde otras mujeres que se siguen pensando en el pasado y en el presente. Es un flujo constante. Creo también que la obra tiene mucho que trasciende la ciudad y le habla a otros públicos.

¿Qué te pasó con la idea de trabajar en el Teatro San Martín? 
Yo audicioné un montón en esta sala. Siempre que salía de las audiciones sentía felicidad por darlo todo y por disfrutarme en el escenario en esos momentos. No quedaba seleccionada pero sentía esa sensación de bienestar. Y realmente fue muy lindo el primer día de ensayos. Me paré en el escenario y sentí que era un teatro, que era tan conocido por mí, pero ahora podía jugar arriba del escenario. Apareció inmediatamente la sensación de lo lúdico, y me puse a jugar ¡Encima con dos actrices increíbles!

Pareciera que todo va volviendo a su cauce y que las salas retoman cierta normalidad después del detenimiento forzado de la pandemia. ¿A vos qué te pasó en este tiempo?
Tuve un planteo muy profundo sobre si realmente quería volver a actuar. Quería conectarme con el deseo, y ver si lo había. Me pasó que cuando volví a ensayar con barbijo que no encontraba el disfrute. En la primera función del regreso de La princesa rusa (obra de Juan Ignacio Fernández, dirigida por Julieta Abriola) recién pude conectar y algo se volvía a expandir, y recuperaba el juego de la actuación. 

El laboratorio creativo Boca de Gallo, junto a Ignacio Rodríguez de Anca.

¿Y cómo fue ese volver a elegir el teatro?
Ahora pienso que estuvo bueno que me sucediera algo así. Ahora soy más consciente de lo poderoso que es el deseo de la actuación. Fue un volver a elegir y a encontrar de qué modo yo me ubicaba en esa presencia. Y con cierta vulnerabilidad en el hacer. Es decir, el deseo de que se expanda algo y en ese expandir que se te juegue algo íntimo, y en eso, además, dejar de controlar y no resolver, y lo que se puede encontrar. A veces eso se pierde en algo cristalizado, y la pandemia hizo que eso deje de ser una zona de confort. Pasé a otro grado de conmoción. En ese parate de la vida que fue la pandemia, donde todo se puso “en pausa” me indagué y reconecté con mis ganas y mi deseo de actuar y de viajar. Aún lo estoy comprendiendo. Fue algo muy interesante. 

¿Qué experiencia es ser la actriz más grande de un colectivo de pibes como en “La princesa rusa”?
Soy la vieja del grupo (risas). Una parte del texto dice: “Qué vieja que estoy jajaja” y es raro. Siento que durante mucho tiempo fui una de las más jóvenes en los elencos y ahora me toca ser la más grande. Me gusta el elenco. Tiene una energía diferente que me nutre. 

¿Cómo conectaste con el texto de Juan Ignacio Fernández y cómo viviste la dirección de Julieta Abriola?
El texto me presentó un personaje que me conmueve por su imposibilidad de maternar. Eso me convocó enseguida. Hay algo de empezar a reconocerse grande que también es un proceso propio para mí, que estoy transitando. Julieta Abriola hace un trabajo muy interesante de dirección porque abona un montón la búsqueda de los procesos de cada personaje y la propuesta es ir profundamente por esos lugares. Lo que ve el público tiene que ver con un reconocer (y empatizar) con algunos personajes, y es más como una sensación que algo definido. Podría sintetizar en que el texto de Juan Ignacio ofrece preguntas y Julieta lo toma muy sensiblemente para trabajar sobre esas pistas.

Una escena de «La princesa rusa».

Más allá de la actuación en el teatro independiente o el oficial, estás con Boca de gallo ¿Cómo definirías ese proyecto creativo?
Te diría que es un laboratorio que tenemos con Nacho (Ignacio Rodríguez de Anca) desde 2014 donde hay un juego que en otros espacios no tenemos. Es un cruce de lenguajes. En un momento nos preocupó qué éramos, si fotografía, si teatro de objetos… y después soltamos el rótulo y fue hermoso. Con todo lo que traemos de distintas disciplinas aparece un lenguaje propio dentro de lo analógico y lo artesanal, y abierto a lo ndigital. En la pandemia apareció la opción de lo digital. Armamos un proyector artesanal que convive con una cámara digital que toma otras imágenes. Todo confluye y eso nos interesa. Es un espacio de búsqueda que resulta muy divertido. Además con Nacho nos conocimos trabajando y tenemos una relación laboral muy lúdica. Un día uno le lee el texto a otro, otro día hacemos un cianotipo en vidrio todos juntos y Camilo aprende como es. Y así vamos. 

Nombraste a Camilo y entiendo que él forma parte inevitablemente de este proceso. ¿Qué te cambió la maternidad en ese sentido?
Desde que soy madre me di cuenta que antes necesitaba espacio, silencio, o mi música, y me ponía con un proyecto personal. Y ser madre te cambia todo eso. En el proyecto Camilo nos ayuda con la plaqueta y sino está de diversas formas. A veces se escucha la tele con sus dibujitos, a veces pasa caminando, y bueno, es así, y fluye. A veces tira del hilo uno y a veces otro, pero vamos juntos. Estamos repensándonos sensiblemente en todo momento. Y nos habilitamos y nos decimos: “Por qué no?” La duda positiva nos permite que aparezcan un montón de posibilidades. Y que no cerremos. Y también concretamos. 

Me gusta la idea de la duda positiva.
Sí, dudar para dar lugar a lo nuevo. Es un trabajo muy orgánico y la confluencia de todos los lenguajes creativos nos identifican más y nos permiten fluir con el tiempo. Ahora se está gestando algo que une el mundo analógico con el digital y no lo vemos como un choque sino como un cruce, y eso nos enriquece en la manipulación artesanal. Trabajamos todas las capas que pueden construir un relato (más allá de un texto) y eso nos tienta en Boca de gallo.

Por último, ¿cómo es el minuto antes de salir a escena?
Es una maravilla. Es un espacio muy íntimo. A veces es compartido. Para mí es un lugar de energía muy poderoso. Es como una condensación de energía vital y de ganas de encuentro. Hoy me pasa eso. Ganas de encuentro en una situación única que viene con todo lo que viene una trae del día, y que está con quienes están en la convención teatral. Porque, pienso, una naturaliza que la gente viene al teatro, pero en ese momento hay gente desconocida que coincide en un lugar a ver algo que no saben como va a salir, y en un punto ¡es un locura! A mí me pasa que me surge una energía indescriptible y es distinto de acuerdo a qué material se esté haciendo. En Cae la noche tropical me pasa que estoy sola en ese primer instante. En La princesa rusa es más coral y la energía al entrar en la primera escena es inaugural en equipo. 

La princesa rusa” se presenta los domingos a las 21 hs en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636, con las actuaciones de Carolina Tejeda, Tina Sconochini, Tamara Belenky, Aldo Alessandrini, Jesús Catalino y Julián Marcove. Entradas a la venta en Alternativa Teatral.

Cae la noche tropical” se presenta de miércoles a domingos a las 19 hs en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, con las actuaciones de Leonor Manso, Ingrid Pelicori y Carolina Tejeda. Entradas a la venta en el CTBA (Última función: 17 de abril).

Boca de Gallo es un proyecto creado por Carolina Tejeda e Ignacio Rodríguez de Anca que permanentemente produce materiales creativos como Proyecto Frontera (Disponible en Alternativa Teatral).

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