El actor Marito Falcón comenta sobre los desafíos de interpretar un personaje como el de Savero en un clásico teatral de Roberto Arlt. La obra se puede ver los domingos, en el teatro Payró.
A través del teatro, de la actuación, podemos descubrir partes ocultas, tal vez reprimidas o no utilizadas en nuestro cotidiano; reacciones, sentimientos, pensamientos. La posibilidad de ser alguien más, la posibilidad de actuar, de crear otra realidad. Es esto lo que me atrapó de entrada cuando leí Saverio el cruel, este deseo de soñar, de escapar de la realidad que tienen todas las criaturas de Roberto Arlt. Esta necesidad que tenemos los que hacemos teatro.

“¿Por qué accede Saverio a participar de la farsa?”
Encontré la respuesta al ver a Susana (el personaje) interpretar a una Reina. “¿Ella puede ser una reina?” “¿Entonces yo (Saverio) también puedo serlo?” En esta obra donde el teatro se esconde dentro del teatro, Saverio descubre la actuación como medio de escape, como herramienta para crear otra realidad.
El problema es cuando la persona y el personaje se vuelven inseparables y el límite que divide la realidad y la ficción se rompe, dejándonos atrapados en una ilusión.
Estrenamos esta versión del texto de Roberto Arlt en el 2024, llevamos tres temporadas en cartel, 70 funciones en el transcurso de tres años. La obra está más viva que nunca, el texto y la actuación, cobran nuevos significados; ciertos pasajes, ciertos diálogos, parecerían haberse escrito hoy.
Con mis compañeros, Ligüen Pires, Tomás Almandos, Liliana Simsi, Adriana Echegaray, Roberto Cuñarro, Ariel Guazone, Debora Lopez y Gabriela Villalonga, domingo a domingo, mantenemos el bello ritual de reunirnos previo a la función y pasar toda la obra. No dejamos de escuchar lo que decimos, lo que dicen los personajes a través nuestro. No dejamos de pensar y reflexionar sobre lo que cuenta la obra y los paralelismos con la actualidad política y social en el mundo.
En cada función, los espectadores son un personaje más de la historia, ellos no tienen diálogos, pero interactúan con su presencia, con un suspiro, con una risa, con lágrimas y aplausos al final de la función, lo cual agradecemos de todo corazón. En los años que llevo haciendo teatro, nunca viví algo así, como lo que nos está pasando con esta obra. El público fluye, el «boca en boca» funciona, la gente quiere y necesita ver esta historia tan actual que Arlt escribió hace casi cien años.
Me siento muy agradecido de poder interpretar al Mantequero, un personaje que se va transformando a medida que transcurre la obra. Al terminar cada función, logro separarme del personaje, pero ya no soy el mismo. Siempre se destraba una nueva sensación, un nuevo pensamiento.
Funciones de Saverio el cruel son los domingos de septiembre a la 17 en el Teatro Payró, San Martín 766.
