El espectáculo que escribió y dirige Emiliano Dionisi, con un sólido elenco, tiene funciones en el Teatro Colón, y evoca la figura del músico y la importancia de su legado para el tango y la cultura en general en la Argentina y el mundo.
Texto: Sandra Commisso. Fotos: gentileza prensa.
«En la Argentina se puede cambiar todo, menos el tango», dice uno de los actores de Astor, Piazzolla eterno, en el escenario del Teatro Colón. Pero ese cambio aparentemente imposible, sucedió. Y fue por obra y gracia de Astor Piazzolla, bandoneonista, director de orquesta y compositor. Pero, por sobre todo, un vanguardista, un pionero adelantado a su época que, a pesar de las críticas y la férrea oposición por parte del mundo tanguero tradicional, no cedió en su idea de renovar el género musical más reconocido de la Argentina en el mundo y, claro, lograrlo. Las convicciones propias deben resistir las de otros, de lo contrario ¿qué clase de convicciones eran? O para decirlo en las propias palabras de Astor, también resonando en el escenario: «Uno nace de una manera y se muere de una manera».

El espectáculo que cuenta con puesta en escena y dirección de Emiliano Dionisi, dirección musical de Nicolás Guerschberg y dirección artística de Tato Fernández, es una revalorización de la genialidad de Piazzolla, uno de esos hombres que parecen haber nacido a destiempo de sus contemporáneos y con un talento musical único que, con los años, sería reconocido en todo el mundo.
Con un elenco formado por Natalia Cociuffo, Federico Llambí, Belén Pasqualini, Rodrigo Pedreira, Nacho Pérez Cortés, Alejandra Perlusky, todos de gran oficio en el musical, y los bailarines Alejandro Andrian y Victoria Rosario Galoto, además de una orquesta en vivo, la obra resulta un viaje en el tiempo a través de distintos momentos de la vida de Piazzolla, desde su Mar del Plata natal, hasta la Nueva York de la década de 1930, donde se mudó con su familia cuando apenas era un niño y que, además, marcó una influencia en su impronta como compositor.

En ese recorrido musical por la vida de Astor, un nombre que no existía cuando él nació y que, premonitoriamente, resultó un anagrama de «astro», van apareciendo los destellos de una personalidad que estaba destinada a destacarse en el plano de la música. Niño prodigio, aprendió solo a tocar el instrumento que lo identificó para siempre, un bandoneón usado que su padre le compró en Nueva York, casi por casualidad. Su tenacidad y su convicción para concretar lo que tenía en la cabeza pero nadie entendía, sumados a su talento innato para la música, fueron las herramientas que le permitieron lograr lo imposible: darle un nuevo aire al tango y hacerlo recorrer el mundo.
La obra rescata anécdotas increíbles como la de su cruce con Carlos Gardel, en Nueva York. Incentivado por su padre, un adolescente Astor va al hotel donde se alojaban Gardel y Alfredo Lepera. En el ascensor, su maestro Alberto Ginastera, por una confusión de llaves, le pide que entre por una ventana a despertar a Lepera pero Astor se confunde y termina en la habitación del mísmísimo Gardel. Eso marcará un vínculo musical único gracias a ese tipo de encuentros escritos mágicamente por el destino.

El elenco de actrices y actores se reparten por igual la voz y el cuerpo de Piazzolla, recorriendo el escenario para relatar situaciones en primera persona, Una idea acorde con la reivindicación de la vanguardia que representaba Piazzolla y también un modo de universalizar el talento y la transversalidad que representa el tango hoy en día.
Con una escenografía que destaca las siluetas de las ciudades que lo vieron crecer, al igual que la iluminación, el sonido y el vestuario, el espectáculo, una coproducción del Teatro Colón con RGB Entertainment, brilla en un espacio privilegiado como es el del Colón. Y tiene los ingredientes necesarios para poder dar la vuelta al mundo sonando en todos los lugares del planeta donde Piazzolla se presentó y fue sinónimo de tango.
Astor, Piazzolla eterno tiene funciones de martes a domingos, en principio, hasta el 16 de febrero en el Teatro Colón, Libertad 621.
