Detrás de escena

La delgada línea entre la narración oral y el teatro

El director y narrador Daniel Hernández escribe sobre el proceso creativo de «Realmente Irreal. El único gesto es creer», un espectáculo que combina los dos lenguajes en una atmósfera de ensoñación y sorpresa.

Por Daniel Hernández. Fotos: Nicolás Borojovich.

A la mínima posibilidad de vida, inmediatamente aparece una mínima posibilidad de muerte. Todo comienzo tiene su final. Todo lo que empieza termina. Los relatos, como la vida, son un cúmulo de acciones y de movimientos que transcurren. Cuando cesa el movimiento se llega al final de la historia; se llega al fin en sí mismo. Esa es la finalidad del contar y del vivir.

Realmente Irreal es una experiencia escénica cuya primera apuesta fue fusionar la narración oral con el teatro haciendo equilibrio sobre la delgada línea entre los dos lenguajes.

Para nosotros era importante debatir en la práctica la diferencia entre teatro y narración oral para poder postular a este último como arte escénico independiente y para que el público comprenda la diferencia.

Diferenciar claramente los dos lenguajes utilizados para contar la historia hizo que la dramaturgia se resolviera en el cruce entre lo teatral -lenguaje que desde su esencia siempre se desarrolla en tiempo presente- y desde la narración oral que cuenta desde el pasado, desde lo sucedido, desde el «había una vez». Dos líneas de tiempo que al cruzarse crearon una atmósfera de ensoñación y de sorpresa.

Por otra parte, estaba el deseo de contar cuatro historias que originalmente fueron noticias para convertirlas en cuentos. Al amasar este material surge la idea de generar la duda en el público, si los hechos contados sucedieron realmente o son solo producto de la ficción. Esa es la segunda apuesta.

Al seguir amasando nos damos cuenta de que la muerte está presente en los cuatro relatos y en diferentes facetas: la muerte producto de la negligencia y el descuido, la muerte natural o producto de la vejez, la muerte a partir del terrorismo y la muerte producto de la violencia. Es entonces cuando este personaje se convierte en el común denominador de la historia; se hace presente como en la vida.

Así fuimos encontrando la columna vertebral sobre la que se construyó la obra.

Las historias son hilvanadas por una actriz quien con sus personajes deja en la mente del espectador retazos oníricos que quedan en la retina de los asistentes. Entonces el narrador los toma para darles la puntada final. Este narrador no representa personajes, es el mismo en escena, cuenta la historia y ésta aparece en la mente del público, que la proyecta desde su propia imaginación.

A partir de la improvisación y de la creación colectiva se sumaron distintas técnicas para resolver la puesta en escena (teatro físico, clown, teatro de sombras y animación del objeto). La escenografía es mínima.

Así logramos convertir la realidad en ficción y la ficción en realidad. Esperamos que con el tiempo esta obra quede en la memoria de la gente, que siga en movimiento. Para que no tenga final. Para que sea Realmente Irreal.

Realmente Irreal. El único gesto es creer, una obra de Sebastián Fernández, Nathaly Cruz y Daniel Hernández, hace funciones los domingos de noviembre, a las 19, en Actors Studio Teatro (Díaz Vélez 3842). Entradas en la boletería del teatro o a través de Alternativa Teatral.

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