En su debut como autora teatral, la periodista traza la historia de Delia Ingenieros, hija del ensayista José Ingenieros en Memorias de una maga que se puede ver en El Extranjero.
Texto: Redacción Todo Teatro / Fotos: gentileza prensa.
La periodista y docente Leni González debuta como dramaturga con Memorias de una maga, una obra que la une a sus inicios en el periodismo y también con el perfil de un personaje intrigante y casi desconocido: la primera maga argentina. La obra, que protagoniza Eugenia Alonso y dirige Cecilia Meijide, tiene funciones en El Extranjero.
«Al personaje lo conocí cuando empezaba en el periodismo. Mi primer trabajo, en 1997, fue en la revista Luna, de editorial Perfil. Presenté un sumario sobre Mujeres magas, lo aceptaron y me puse a buscar. Había que hacer archivo, no había Google, y así llegué a la revista Todo es historia donde en un artículo con muchas fotos se contaba sobre esta mujer, la primera maga argentina, Delia Ingenieros», cuenta Leni. «Era la hija mayor de José Ingenieros, médico, psiquiatra, ensayista, docente, autor de El hombre mediocre, entre otros libros, un hombre que influyó en la Reforma universitaria de 1918, entre otras cosas».

A Leni le llamó la atención esta mujer, Delia, que era bióloga, trabajaba en un laboratorio, y en 1948, a los 33 años, deja la profesión para dedicarse a la magia bajo el nombre de Kamia. «Esta historia finalmente se redujo a un recuadro pero nunca más me pude olvidar de ella. Busqué y conseguí su libro Memorias de una maga donde cuenta ese cambio en su vida. Siempre supe que tenía que hacer algo con eso. Lo que no sabía era la forma», asegura.
Mucho después, en 2018, luego de estudiar dramaturgia, la obra empezó a tomar forma. «Entonces esos hilos sueltos se unieron pero de a poco, no fue instantáneo. En el taller de Laura Sbdar empecé con algunos esbozos. «La historia ya está escrita, lo hizo ella, vos tenés que escribir tu obra«, me dijo Laura. Y ese salto fue el problema. Acostumbrada a reunir y buscar información (soy licenciada en Historia y periodista) me la pasé buscando más sobre ella. Pero efectivamente el problema fue soltar esa data para pararme desde otro lugar, el presente de la acción, y que fuera fluyendo otra cosa».

Según dice la autora, «no es una biopic, un relato fiel a los hechos, sino mi construcción, mi Kamia, lo que yo había encontrado en ella, lo que me había pegado que claramente era y es el «volantazo», el cambio de rumbo, animarse a hacer lo que quería. El texto, mucho más largo que el actual, terminé de escribirlo con Eugenia Pérez Tomas durante casi un año. Y con Cecilia Meijide me animé a cortar, tirar escenas que amaba, jugar más, correrme de la lógica de la verdad de los hechos hacia la verdad de mi historia. A Eugenia Alonso la conozco hace muchos años. Es bioquímica y abandonó esa carrera por la actuación, nadie mejor que ella para interpretar a Kamia. A su vez Cecilia y Eugenia trabajaron juntas, se conocen y por eso aceptó dirigirla».
De esa manera, Leni logró pasar del otro lado de la escena, después de tantos años dedicada al periodismo y la docencia teatral. «El personaje es fascinante, hizo de todo, yo solo tomo una parte, una señora nacida en 1915 que murió en 1995 por un accidente doméstico: se prendió fuego el camisón cuando se hacía un té y murió a los pocos días en el Instituto del Quemado».

Luego siguió la búsqueda: «Gracias al Mago Alex, que tiene un museo de magia, conocí su letra, sus libretas, sus anotaciones. Busqué parientes, me encontré con una sobrina (ella no tuvo hijos) y comprobé -como suele pasar- que los más cercanos no ven lo que una desconocida pudo ver». E incluso siguieron apareciendo hilos que unen todas las historias involucradas en este proyecto: «A mí me gusta escribir desde siempre. Dejé la Historia por el periodismo para poder vivir de escribir, tener esa excusa, no porque deseaba informar al soberano. Pero en este caso, tenía que hacer a un lado las voces de los otros para escuchar la mía, ese fue el mayor desafío. Y Kamia me ayudó. Nos ayudamos ambas: yo, a que la vean los otros, y ella, a que yo pueda saltar».
Y agrega: «Delia cambió de profesión para dejar de aburrirse. Es una razón poderosísima, al menos para mí. Lo más estimulante es dejarse llevar, soltar la mano, escucharse a una. El año pasado terminé la Diplomatura de Dramaturgia Paco Urondo y ya tengo otra obra escrita, muy diferente a esta. Se trata de abrir esas puertas para que salga a jugar toda la tribuna de voces que tenía haciendo banco esperando un permiso que no te da nadie, solo vos misma».
Memorias de una maga, con dirección de Cecilia Meijide y la actuación de Eugenia Alonso y la música de Pablo Viotti tiene funciones los sábados a las 17 en el Teatro El Extranjero. Valentín Gómez 3378. Entradas por Alternativa teatral.
