Detrás de escena

Leandro Cóccaro: «Cortázar es un espejo poético que nos atraviesa y nos configura como sociedad»

Julio Cortazar y un texto que formó parte de “Todos los fuegos el fuego” llegan al circuito off porteño los domingos en el Teatro del Pueblo. Hablamos con Leandro Cóccaro, director de «La salud de los enfermos».

Texto: Redacción Todo Teatro. Fotos: gentileza prensa.

Publicado en 1966, y celebrando con esta puesta los 60 años de su primera edición, en La salud de los enfermos Cortázar pone sobre la mesa la relación siempre compleja entre la pérdida y el criterio de realidad acompañados por las dosis de humor y ternura tan propios del autor. Ante una madre enferma, los miembros de la familia deciden ocultarle un hecho doloroso. En la obra, el escritor juega con los conceptos de verdad, realidad y ficción para preguntarnos: ¿quiénes producen esa ficción? ¿Los familiares para con la madre? ¿O es más bien la madre quien sostiene esa ficción hacia el resto de la familia? ¿Quién necesita de la ficción para poder sobrevivir a un contexto hostil, para poder soportar aquello que resulta indecible?

«Trabajar con un texto del gran Julio Cortázar, uno de los autores latinoamericanos de mayor relevancia a nivel mundial, me parece un hecho cultural de muchísima relevancia. Su pluma nos permite reconocernos como sociedad en el devenir histórico que nos conforma. Cortázar habla de nosotros. Es un espejo poético de una realidad que nos atraviesa y nos configura como sociedad. Leer Cortázar es entender un poco mejor quiénes somos y por qué somos como somos», analiza Leandro Cóccaro. «Esta puesta es una excelente oportunidad para volver a conectar con su obra desde un lugar distinto pero al mismo tiempo, auténtico y fiel con quienes estén familiarizados con la obra cortazariana y también puede ser una gran puerta de entrada para quienes no conozcan demasiado al querido Julio».

La historia protagonizada por Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchiori y Martha Sosa Quintana nos habla de vínculos, de cuidados, de amor y de ciertas pérdidas, entre muchas otras cosas. Temas que resultan transversales y universales y que todos hemos atravesado de alguna u otra manera. En su pasaje a la escena, el cuento cobró una potencia arrolladora, sospechada en la lectura del texto pero confirmada innegablemente en el hecho teatral consumado. La habilidad del autor para crear situaciones, personajes y vínculos potentes, emocionales, profundos y transformadores es innegable. «Creo firmemente que el material se revela con una vitalidad e identificación con la sociedad actual que, en tiempos de crisis que nos toca vivir, hacer esta obra se convierte en un hecho sanador y necesario», asegura el director. «El Teatro del Pueblo es una sala emblema del quehacer teatral independiente en la Ciudad de Buenos Aires, que tiene el foco de su programación artística puesto en fomentar la actividad cultural de autores nacionales, sirviendo como nexo entre esos autores y la comunidad. Tener la posibilidad de realizar esta puesta en escena allí resulta natural y es, casi por defecto, la mejor sala en la que una obra de Cortázar podría representarse. Debido a su fuerte identidad histórica y política, el Teatro del Pueblo es un lugar muy propio para la obra cortazariana y estoy seguro que es la sala que el mismísimo Julio Cortázar elegiría para llevar un texto suyo a la escena».

La puesta recupera el texto literario de Cortázar y lo convierte en un hecho teatral donde ficción y realidad dialogan permanentemente invitando al público a ingresar a esa casa, que a la vez es un artificio, para ser parte de una familia que intenta ser feliz a pesar de todo. El espacio, la iluminación y el trabajo sonoro construyen una comedia dramática en la que se va tejiendo una ficción dentro de otra ficción, envolviendo a los miembros de la familia hasta alejarlos de la realidad. «El material nos presenta un mundo conocido por todos: una familia que oculta un secreto de vital importancia a un integrante. Todos hemos pasado por esa situación en algún momento de nuestras vidas (y si aún no lo pasamos, lo pasaremos de un momento a otro…) y aquí la trama se complejiza de tal manera que todo se vuelve insostenible en un juego donde la ficción y la realidad se mezclan permanentemente», explica Leandro. «Y aquí llegamos al el punto fuerte: la maestría con la que el autor mezcla el drama y el humor (humor inconfundiblemente cortazariano) nos lleva delicadamente de la mano de un estado a otro haciendo de este material un viaje donde el espectador podrá reconocer y reconocerse en varias situaciones y, por qué no, tal vez sanar alguna que otra vieja herida del pasado».

La salud de los enfermos, desde el 15 de marzo los domingos a las 18 horas en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636. Localidades disponibles en Alternativa Teatral.

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