Detrás de escena

La moribunda, un clásico de Urdapilleta y Tortonese, regresa en una nueva versión

La obra que estrenaron en 1997, Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese en homenaje a Batato Barea, vuelve a la cartelera porteña, esta vez, con dirección de Malena Miramontes Boim, en Itaca Complejo Teatral.

Texto: Redacción TT. Fotos: gentileza prensa.

Casi treinta años después de que la dupla que integraron Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese estrenara La moribunda, en la mítica sala El Morocco, la obra vuelve a subir a un escenario en una sala porteña. Será a partir del 5 de marzo, en Itaca Complejo Teatral.

Escrita e interpretada por Urdapilleta y Tortonese La moribunda era un homenaje a su amigo Batato Barea y exploraba con un lenguaje único, marca registrada de los actores, el dolor ante la inminente muerte de una hermana con los rasgos del humor negro y el grotesco, a los que se sumaba una estética queer y camp, inédita hasta entonces, como un modo de ironizar y remarcar el dramatismo teatral hasta lo más exagerado apelando a la ópera, el melodrama y también al mundo de las vedettes.

Ahora, quienes reeditan esa historia que fue un éxito del circuito independiente y el under de los noventa, son los actores Darío Serantes (interpretando a Karen) y Juan Rutkus (en el rol de Kara), con dirección de Malena Miramontes Boim. La idea es revivir aquella original puesta pero desde el contexto actual.

-¿Cómo llegaron al texto de Urdapilleta y Tortonese?
Malena M. Boim: En el 2013, durante unas clases de dirección escénica en la Universidad, leí por primera vez el texto de La moribunda lo cual coincidió casi con el fallecimiento de Alejandro Urdapilleta. Esto generó el recuerdo de todo el mundo del Parakultural y la cultura under de los 90. En ese momento yo estudiaba con referentes de esa época como Ana Alvarado, Guillermo Arengo, entre otras personas. El texto siempre me resultó convocante y quedó en mi imaginario como una posibilidad más que interesante de volver a llevar a escena. Diez años después, en 2024 comienzo a pensar en qué material podía ser muy potente en su base como entretenimiento y a la vez en su valor metafórico; pensando con Darío Serantes, quien es uno de los protagonistas, a él se le vino a la cabeza esta icónica obra. A mí automáticamente me brillaron los ojos porque es una pieza reúne lo desopilante del trabajo interpretativo de Urdapilleta y Tortonese con un universo poético exquisito, la crudeza de la temática vinculada con el ser querido muriéndose y la risa y la fantasía como medios de resiliencia.

-¿Cuáles son los aspectos más significativos de la obra y cuáles son sus resonancias hoy?
M.M.B: Son varias las aristas de La moribunda que conectan con temáticas muy actuales, no sólo pensando en el aspecto sociocultural de nuestro país, sino también a nivel mundial. Cada vez más deshumanizados a raíz del avance tecnológico virtual, la necesidad de encuentro con otros está puesta en cuestión. El límite entre la realidad y la ficción virtual muchas veces se desdibuja y el universo de las redes arrasa con la psiquis de muchos. A esto se le suma las notorias secuelas de la pandemia que mostró las consecuencias claras de la falta de contacto entre las personas. La moribunda sucede en una circunstancia poco clara pero donde sabemos por sus protagonistas que es una situación de guerra o algo similar, que no deja a las hermanas salir del lugar donde están encerradas sin correr peligro.

-Qué impresionante cuando una obra sigue vigente y parece dialogar con el presente, como en este caso, después de tres décadas.
M.M.B: Sí, tal cual. Por otro lado, en esta historia pendular en la que está inmersa siempre la humanidad, volvemos a escuchar actualmente mensajes de odio sobre las minorías o los colectivos identificados con la idea de diversidad. Cuando La moribunda se estrena en los 90, era un momento para la cultura argentina donde recién se comenzaban a ver en medios de comunicación popularmente reconocidos a hombres interpretando personajes femeninos. Estos son el caso de Gasalla, Tortonese, Urdapilleta y que tiene un antecedente definitivo en personalidades como Batato Barea. Con una estética camp, la obra celebra lo “kitsch” y esta identificación queer. Podríamos decir que aún con todos los avances hechos respecto de la defensa y equidad de los derechos de las personas con identificación sexual disidente, esta obra sigue siendo un gesto de expresión de lo posible. Otro aspecto que claramente tiene resonancia hoy es el recurso del humor como manera de denuncia. La risa se vuelve una forma de resistencia ante las adversidades propuestas por un contexto de terror y una situación por demás dura para la vida de cualquier persona que es tener que aplicarle cuidados paliativos a un ser querido.

-¿Qué desafíos se plantean a nivel actoral?
Darío Serantes: Todo texto es un desafío. Empezar a transitar un nuevo proyecto teatral es comenzar un proceso donde todo está por ser construido. Pero todo comienzo implica una búsqueda, y, en este caso, La moribunda era un material que, además de haberlo disfrutado como espectador allá por su estreno, también era de esos textos que uno atesora con admiración y con tanto respeto al punto de que nunca había ni siquiera pensado en la posibilidad de llevarlo a escena. De ambos, destaco especialmente la impronta de Urdapilleta, a quien considero como uno de mis maestros. Su organicidad, diría visceral, su irreverencia, lo esperpéntico de su impronta, su expresión patética, grotesca, su humor queer, su oscuridad, son un sello que siempre me resultó atractivo.

-En este caso, interpretás al mismo personaje que encarnó Urdapilleta.
-D.S: Sí, por eso, uno de los desafíos que marcaron todo mi proceso creativo radicó en encontrar una Karen propia, hasta que me di cuenta de que Karen era Urdapilleta y yo era Karen, o sea, me liberé de ese mandato y comencé a jugar con todo lo aprendido. Y me divierto y sufro, porque ese es el viaje al que nos desafía La moribunda: un juego dislocado, donde estos seres se destrozan, se deshacen ante una mirada risueña, cómica y desesperada. Luego de su más de treinta años, La moribunda se niega a morir y se sigue preguntando si el amor existe.

-¿Qué ejes te interesaron señalar desde la dirección?
Malena M. Boim: La obra tiene momentos de mucha “verdad” donde hay un corrimiento de la fantasía que estas hermanas arman a través de los llamados de atención de su hermana Kiri, quien está moribunda y da justificación al título de la obra. Quise resaltar a través de la puesta esta estructura dramática sugerida como en “picos”: cada vez que la fantasía de las hermanas está en alza, hay un factor de la realidad que “las baja a tierra”. En la obra se desarrollan escenas de la vida cotidiana teatralizadas bajo un código de puesta en escena más bien grotesco. La idea desde la puesta es resaltar el valor que ellas le adjudican a su mundo de fantasía como trinchera ante su cruda realidad, más allá de los recursos materiales con los que cuentan. La obra se ha convertido en un clásico del teatro argentino, en una voz inclasificable que se resiste al olvido y que aún interpela al público con su potencia política y estética.

La Moribunda, desde el 5 de marzo, funciones los jueves de marzo y de abril a las 20.30.en Itaca Complejo Teatral, Humahuaca 4027.

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