Entrevistas

Gabriela Romeo: «Los artistas seguimos adelante más allá de quienes nos gobiernan»

En su doble rol de dramaturga y actriz, Gabriel Romeo acaba de estrenar «Ya comeremos faisán» en el Espacio Experimental Leónidas Barletta. La obra, que dirige Daniel Marcove, se presenta los sábados del mes de octubre a las 20 horas.

Texto: Redacción Todo Teatro. Fotos: gentileza prensa.

Arturo, Carolyn, Débora y Lindo integran una compañía de teatro de muy bajos recursos. Un empresario, Rolo Cepillo, al que nunca le vieron la cara, los lleva de gira sin cumplir las condiciones prometidas. Arturo, delegado del grupo, fue el contacto, pero ahora han quedado varados en el medio de la nada bajo una tormenta de nieve. Hambre, frío, desolación en medio de la realidad y la representación de estos cuatro actores que cobran vida gracias a los trabajos interpretativos de Hugo Cosiansi, Gabriela Romeo, Toto Salinas y Camila Truyol, bajo la dirección de Daniel Marcove.

-¿Cuál fue la motivación o experiencia personal te llevó a escribir «Ya comeremos faisán»?
-Tuve un asistente de dirección que el deseo de actuar lo llevó a sumarse a una compañía de teatro en gira muy poco seria. No le pagaron nunca, los vales para comer no llegaban, los huesos molidos de viajar en micros destartalados y sus sueños, pisoteados. Cuando me lo contó, una imagen muy potente se apoderó de mí y esa imagen me trajo otra: cuatro actores de una compañía de bajos recursos varados en medio de la nada bajo una tormenta de nieve y más imágenes, olores, texturas y la pasión por contar esta historia. Como actriz conozco la desolación, la incertidumbre, los miedos. Pero también vivo y sé de esa fuerza poderosa, mágica y maravillosa que brota del alma para seguir, a pesar de todo.

-La obra muestra a actores atravesando precariedad, pero sostenidos por sus sueños. ¿Qué lugar creés que ocupa hoy el deseo en el hacer teatral independiente?
-Los artistas resistimos y seguimos adelante más allá de la indiferencia y el atropello de quienes nos gobiernan. Se abusan de nosotros, nos trompean la libertad. Lo que no saben es que hay una libertad interna que nadie puede aniquilar. “Un deseo furioso”, como dice en un momento Débora, uno de los personajes. Deseo que nos impulsa a crear universos, habitar vidas y a volar desde el amor y la pasión. Podemos respirar con un aire que nace de nuestro espíritu y ellos no tienen permiso.

-¿Cómo dialogan en la obra la realidad y la representación que hacen de su propia profesión? ¿Qué buscás que se desdibuje o se potencie en ese límite?
-Investigo los mundos sutiles. En mi camino comprobé que hay dimensiones con distintas vibraciones. Según cómo vibramos, vivimos. Somos un granito de arena en la inmensidad del Universo. Me atrae muchísimo, además, cruzar mundos que parecieran no poder juntarse. Es un camino poético difícil pero fascinante. La rareza, lo extraño y la búsqueda de lo verosímil. Dar permiso al espectador a que complete con sus propias imágenes, que no quede afuera. Nosotros, también actores en esta historia, habitando personajes que se enfrentan en tensión constante y grandes contradicciones, con la oscuridad y la luz. Luz que aparece con sutiles mensajes, para poder seguir.

-¿Qué influencias aparecen en esta obra de tus maestros y maestras como Tritek, Kartun o Monti?
-De mi gran maestra Helena Tritek, con la que me formé durante siete años y fui su asistente de dirección en varias obras -entre ellas, la multipremiada “Venecia”- recibí tanto. Amor por la poesía, leer, investigar, ver mucho teatro. La palabra en acción habitando el cuerpo. La entrega, el ritual sagrado del teatro. Mauricio Kartun, gigante. Extraordinario y generoso maestro-poeta. Gracias a él, permitirme el error. Escribir y reescribir, la alegría, “saltar el perímetro” y, entre mucho más, el haberme acercado a mi amado maestro Ricardo Monti. “Che Kartun, siempre decís mi maestro Monti. Yo quiero maestro Monti”, le dije. Así fue como llegué a Ricardo y aceptó que fuera su alumna. Tres años a solas con él, escribiendo. Un regalo del Universo. Me entregó su escucha sublime, me compartió misterios y su enorme sabiduría, cuidó mi autenticidad y cataratas de momentos impensados e inigualables hasta que dejó el cuerpo físico. Sigo hablando con él. Con ellos tres, millonaria.

-¿Cómo fue el trabajo de creación junto a Daniel Marcove?
-Daniel y yo somos dos apasionados del teatro. El recorrido fue, como toda pasión, hermoso, intenso, con algunas tormentas y sobre todo: amor. El amor que todo lo puede. Es un enorme director, con una experiencia superlativa, una exigencia rigurosa. Poeta exquisito de la escena. Suele decir “no” en una primera respuesta impulsiva… pero baja un cambio y su escucha es cuidadosa.

-El título remite a una expresión popular sobre los vaivenes del oficio: ¿qué significa para vos hoy “comer faisán… o las plumas”?
-Debo confesar que Ya comeremos faisán no es el título que yo hubiera elegido pero también sé escuchar y dar lugar al otro en la creación. Yo escribí la obra pero Daniel la dirige y entrego mi creación para que él pueda poetizar. Coincido con él que la obra va más allá de la historia de estos cuatro actores perdidos en la nada. También somos nosotros, el país. No lo decimos pero se huele, se respira ese aire. Me propuso el título y como en todo acto poético prefiero decir “sí”, construir con el otro, fluir y en el hacer aparece lo que estamos buscando. Expectante y abierta a sorprenderme, acepté. Y, ¡vaya si me sorprendí!

Ya comeremos faisán se presenta los sábados de octubre a las 20 horas en el  Espacio Experimental Leónidas Barletta del Centro Cultural de la Cooperación, Diagonal Norte 943. Entradas en venta por Alternativa Teatral.

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