Entrevistas

Romi Pinto: «A través del teatro quiero hablar de lo que no se habla»

La actriz protagoniza «Puntera de acero», en El Tinglado, donde interpreta a una abogada judía que debe defender a un neonazi. Además, repasa su carrera también en cine y publicidad y reflexiona sobre el rol vital del teatro.

Texto: Sandra Commisso. Fotos: Gentileza R.P y prensa.

De las mezclas suelen salir cosas buenas y Romi Pinto sabe aprovechar la diversidad de sus orígenes sicilianos y sefaradíes con educación en colegio alemán, para dotar a sus personajes de un color justo en cada proyecto que encara. La actriz descubrió temprano su vocación: fue gracias a una profesora de la secundaria que, a su vez, era discípula de Ricardo Bartís. «Fue como una revelación», asegura. Desde entonces hasta hoy pasaron más de 30 obras de teatro, unas 20 películas y otras tantas publicidades. Actualmente protagoniza, junto a Iván Steinhardt, Puntera de acero, en El Tinglado, donde interpreta a una abogada judía que, como defensora de oficio, debe defender a un neonazi acusado de un crimen de odio racial.

La imagen actual no tiene texto alternativo. El nombre del archivo es: puntera-de-acero-ph-sol-vannelli.jpg

Puntera de acero es una pieza del dramaturgo y cineasta canadiense David Gow, adaptada por Iván Steinhardt y dirigida por Carlos Kaspar. La producción es de la compañia El Vacío Fértil, que Steinhardt y Pinto fundaron hace casi una década y con la que ya realizaron varias giras por la Argentina, Latinoamérica y Europa. «La compañía es como nuestro hijo», dice Romi. Y explica que el proyecto con el que ya concretaron varias obras con sus respectivas giras alrededor del mundo, llegando hasta lugares en donde nunca nadie había visto teatro antes.

-¿Cómo surge el nombre?
-El Vacío Fértil se me ocurrió arriba de un avión, durante un vuelo sobre el Atlántico, debido a una situación difícil que atravesaba. Apareció en un momento de crisis personal y profesional que marcó un antes y un después. Y sentí que, si hay un vacío, entonces todo es posible, el camino es fértil.

-Hasta poder vivir de la profesión, ¿pasó mucho tiempo?
-Antes de dedicarme de lleno a su profesión de actriz, como Licenciada en Publicidad, trabajaba en la Universidad de Palermo y la actuación era mi actividad secundaria. Fui emprendedora y gestora de proyectos propios y ajenos, y tardé en dar el salto para volcarme por completo al teatro, más o menos en 2013. Fue un remo incansable para concretar las obras. Al principio fue tremendo, solo comer arroz pero nunca dejar de investigar, de poner pasión y laburo hasta que fueron apareciendo trabajos. Hubo etapas en que me encontraba haciendo tres obras paralelamente, incluyendo infantiles y un paso por el Teatro San Martín.

-¿Cómo fue tu formación?
-Tuve muchos maestros y maestras: de Alejandra Boero a Augusto Fernandes, de Javier Daulte a Felisa Yeni y Ricardo Bartís. Creo que es lo mejor, nutrirse de distintas escuelas y puntos de vista y poder tomar lo mejor de cada uno, lo que te vaya haciendo sentido. No creo en un solo método, sí en una manera de ir armando tu propia identidad como actriz.

-De todos los lugares que recorriste con las distintas giras, ¿qué te queda como experiencia?
-Es maravilloso lo que sucede en cada lugar. Con la compañía hemos estado en pueblos donde la gente nunca había ido al teatro, en otro actuamos en escuelas con subtítulos y después hicimos debates o en salas en las que nunca se había presentado una compañía argentina. En general hacemos obras muy físicas, entonces la conexión va más allá del lenguaje, lo corporal está muy presente, nos comunicamos con el corazón. Las experiencias siempre son enriquecedoras y superan las expectativas.

-En eso, el teatro argentino independiente tiene mucho para ofrecer.
-Sin dudas es un fenómeno único. Creo que se relaciona con la pasión, el amor por el teatro, por la creatividad, eso de poder resolver todo con alambre. Claro que está buenísimo trabajar con una super producción pero cuando estás en una escuelita en lo alto de una montaña donde no tenés ni un enchufe, la capacidad de adaptación es fundamental. Y en esos casos, todo es ganancia. Eso es lo que más me gusta, poder llevar teatro a lugares donde nunca vieron teatro y poder hablar de temas como la violencia de género, el bullying y otros problemáticas que no tienen cómo expresarse a veces.

-El teatro, además de entretener, es una herramienta de comunicación muy poderosa, ¿no?
-Sin dudas, es un gran disparador emocional. Creo que es una linda misión. Hacer obras, incluso apelando al humor, que reflejan temáticas o conflictos sociales sobre los que después se pueda hablar y reflexionar: somos puente. A través del teatro quiero hablar de lo que no se habla ni en la familia ni en la sociedad. A partir de una obra se puede empezar a cuestionar todo desde el corazón, por eso es liberador.

-Con respecto a la obra que protagonizás, aborda un tema de mucha actualidad, no solo en el país sino en el resto del mundo: la intolerancia, la agresividad y el odio hacia el distinto. ¿Cómo es la reacción del público?
-La obra está muy bien ajustada y adaptada a este contexto actual, porque es de 2008 pero muchos temas son los de siempre aunque con un lenguaje muy actual y muy nuestro, algo que el público agradece. Muchas personas se acercan al final de la obra, para agradecer, emocionados y conmovidos. Eso es gracias a la adaptación de Iván que trabajó junto con un abogado y un rabino. Y después lo que armamos los dos junto al director. Fue un proyecto de mucho tiempo y cuidado que le da un valor extra a la obra. Creo que, desde el arte y desde el teatro en particular, cualquier granito de arena que se pueda aportar para pensar y crecer, es fundamental. Por eso el teatro resulta aliviador y sanador.

Puntera de acero tiene funciones los miércoles a las 20.30 en El Tinglado, Mario Bravo 948. Entradas por la web de la sala o por Alternativa teatral.

Calígula, el juguete de un loco estrena este viernes 4 de julio a las 21.30 horas en el Espacio Cultural La Fragua, Av. Rivadavia 4127. Entradas a la venta en Alternativa Teatral.

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