Natalia Slovediansky escribió «La papa», basada en su propia historia familiar, a partir de una decisión radical de su hermana. Una obra que recorre los vínculos a través de recetas, música, emociones y humor.
Texto: Sandra Commisso. Fotos: gentileza prensa.
Ambientada en la década de 1990, la historia de las hermanas Nuni y Luli, de familia judía, sufre un cambio drástico cuando una de ellas decide hacerse ortodoxa. Esa decisión modificará el vínculo entre ambas, afectando también a todo su entorno. Basada en su propia historia, la autora y directora Natalia Slovediansky escribió La papa, en la que también actúa y, que dirige Nicolás Salischiker. Con algo de comedia, recetas ancestrales, música y emoción a flor de piel, la obra plantea preguntas acerca de lo que pasa en una relación tan cercana cuando ocurre algo inesperado. La búsqueda de la identidad, el intento por alcanzar la felicidad, la culpa, los deseos y otros temas atraviesan la trama. La papa se presenta en Timbre4, los domingos al mediodía.
-¿Cuándo surgió la idea de escribir una obra de teatro con tu propia historia familiar?
-Surgió hace muchos años, hará unos 13 o más, en terapia. Yo lloraba y mi psicóloga me respondía: «hacé arte con esto». Luego, me llevó mucho tiempo de elaborar y mucho trabajo personal animarme a hacerlo. Además, notaba mucho interés en las personas cuando, en cualquier contexto social, yo contaba mi historia familiar, así que eso también fue una motivación para hacerlo.

-¿Cuánto de real y cuánto de ficción hay en La papa?
-El relato es bastante fiel a mi historia. Las preguntas de ese momento de mi vida están ahí expuestas. Pero, para convertirlo en obra de teatro tuve que hacer síntesis y ficcionar algunas cosas para que tenga más potencia escénica. Por ejemplo: nosotras somos tres hermanas, pero en La papa solo somos dos. Cuantos menos actores/actrices más fácil encontrar horario para ensayar. Y las escenas, en la vida real, no fueron tal cual muestro en la obra. Osea, «los textos» que nos hemos dicho no aparecen literales, pero sí, las escenas y el conflicto de cada una reflejan lo que yo vivía en esencia en ese momento. Otro ejemplo, es la mujer que nos cuida en la obra. En la vida real no hubo una única mujer que ocupó ese rol, sino que fueron muchas. Ese personaje es un homenaje a la mujer que trabajó en la casa de mi abuela por más de 40 años y cuidó a mi mamá, a sus hermanos y a todos los nietos. y es un homenaje a todas las mujeres que cuidan hijos propios y de otras. Me gusta mucho trabajar con metáforas y resignificando mi propia historia. Casi todo en la obra tiene una inspiración o un punto de partida en mi vivencia personal.
-¿Por qué decidiste también actuar e interpretar a tu propio personaje? Podría pensarse que es algo lógico, siendo actriz pero a la vez, conlleva un poco más presión.
-Al principio pensaba dirigirla, pero luego me dí cuenta de que tenía muchas ganas de actuar. Y en el proceso fui escribiendo una obra donde me dí todos los gustos que quería. Por ejemplo cantar, bailar y darme la posibilidad de pasar por diferentes matices actorales. Me encanta hacerlo y me encanta todos los roles que ocupo en este proyecto que amo. Y sí, la verdad es que fue un montón de presión, tuve que trabajar mucho con eso. Nico (mi socio, con quien juntos realizamos la dirección y producción general del proyecto) me ayudó mucho a atravesar ese proceso.

-¿Cómo reaccionó tu familia cuando supieron de la obra? ¿La vieron? ¿Les gustó?
-¡A mi familia le encanta la obra! ¡Vinieron un montón de veces a verla!
-¿Qué es lo que más comenta el público, de la propia colectividad y por fuera de la colectividad? ¿Qué los identifica más de la historia?
-En general, el público se siente muy identificado con las diferencias familiares y con la necesidad de resolver los conflictos con empatía, respeto, diálogo y escucha. Más allá de lo religioso en un tema universal. Una frase muy común que dicen es: “llegar a un punto medio, los extremos no sirven” Todos, no importa de qué religión sean, nos cuentan que cuando salen de la obra se pasan toda la cena/almuerzo posterior hablando y debatiendo sobre el tema. Eso es hermoso, la obra toca fibras. Abre preguntas en quienes la ven. Las personas de la colectividad resaltan, en la mayoría de los casos, que tienen gente cercana que se hizo ortodoxa. Y los que no son de la colectividad suelen valorar qué aprender viendo la obra. Y todos comparten y agradecen el hecho de pasar un rato en el que se ríen y emocionan. Un compañero que no es de la colectividad, con el que estudiamos en Timbre4 hace mucho años, cuando vino a verla me contó que estaba peleado con su hermano desde la pandemia porque él no se quiso vacunar y que la obra lo motivó a volver acercarse y conversar. La gente se siente muy identificada. Y expresa su agradecimiento por nuestra entregas. Eso es un regalo hermoso para nosotros. Estoy muy feliz con este proyecto, me encantaría que todo aquel a quien le haría bien verla se entere que existimos.
«La papa» tiene funciones los domingos a las 12 en la Sala Boedo de Timbre 4. Entradas por boletería y en Alternativa Teatral.
