Entrevistas

Carola Reyna: «El público es un compañero que respira al lado nuestro»

La actriz interpreta a una mujer que se reencuentra con su hijo en «Okasan. Diario de viaje de una madre», su primer unipersonal.

Por Diego Jemio. Fotos: Nora Lezano.

Una mujer viaja a Japón por primera vez. Va a visitar a su hijo, que está viviendo en el oriente más lejano. En el reencuentro, se mezclan dos extrañezas: la del país y la del hijo al que le crecieron las alas.

Ése es el punto de partida de Okasan. Diario de viaje de una madre, el unipersonal de Carola Reyna, con dirección de Paula Herrera Nóbile. La obra, basada en la novela homónima de Mori Ponsowy, tiene una puesta sencilla, con algunos objetos y lámparas de papel que remiten a la cultura japonesa.

Reyna cuenta cómo fue el desafío de construir su primer unipersonal, el trabajo de adaptación que realizó junto a Herrera Nóbile y Sandra Durán y una experiencia que vive en carne propia: la de tener un hijo afuera del país.

Es el primer unipersonal de tu carrera. ¿Por qué elegiste hacer esta obra?
-Me llegó milagrosamente de la mano de Sandra Durán, una íntima amiga. Además del vínculo de amistad, nos une que ella tiene una hija y yo un hijo viviendo en el exterior. Siempre es un tema la visita de los hijos, cuándo vienen, el proceso de dejarlos partir y de extrañarlos. En verano de 2021, ella me llamó para contarme que estaba leyendo la novela y me dijo que se imaginó un unipersonal hecho por mí. Cuando leí la novela fue un amor a primera vista: sentí que algo me pegaba. Ahí nos pusimos en campaña para conocer a la autora y al poco tiempo estábamos las tres reunidas. Luego, incorporamos a la directora Paula Herrera Nóbile.

¿Así surgió la decisión de una adaptación conjunta? Porque fueron tuya, de Paula y de tu amiga Sandra.
-Sí, se formó un grupo bastante sui generis. Comenzamos a hacer un trabajo libre, que consistía en ver arte japonés y compartir capítulos que nos gustaban de la novela. También decidimos incorporar tres poemas de la autora. Lo más difícil de ese proceso fue descartar cosas que nos gustaban.

Japón está en el título de la obra (Okasan significa madre en japonés) y en la atmósfera de la puesta, pero esta historia de madre e hijo puede suceder en cualquier geografía del mundo. ¿Qué aporta el hecho de que todo pase en ese país?
-Japón es un protagonista hermoso de la obra; otro personaje que le agrega una belleza tremenda. Aporta la posibilidad de una metáfora. En Japón, la madre depende de él porque no se ubica en la ciudad ni conoce el idioma. Tiene que conocer los códigos de un sitio tan extraño. Pero uno también puede estar en sitios extraños dentro de la misma casa. No hay que irse a Japón para sentir distancia. También nos gusta que Japón tiene algo de cuentito mágico: “Había una vez en Japón…”

¿Cómo te sentís con el desafío de estar sola arriba del escenario?
-Cada vez mejor. Es como ser un piloto de avión: necesitás horas de vuelo. Lo estoy empezando a gozar y disfrutando un montón porque me siento apoyada por un grupo abajo del escenario. También siento que no soy la única jugadora del partido. El público es un compañero que respira al lado nuestro. También siento que el relato me acompaña.

«Okasan. Diario de viaje de una madre» se puede ver los sábados, a las 22, en el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857). Entradas en la boletería del teatro y a través del sistema Plateanet.

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